El INDEC reportó esta semana que la pobreza alcanzó el 32,3% de la población durante el primer semestre de 2026, marcando un incremento de 4,1 puntos porcentuales respecto del segundo semestre de 2025, cuando se ubicaba en 28,2%. Este dato reavivó el debate sobre la evolución de los indicadores sociales bajo la gestión de Javier Milei, quien ha enfatizado reiteradamente la cantidad de personas que habrían salido de la pobreza conforme a las cifras oficiales.
En respuesta, el diputado Martín Lousteau publicó un análisis que cuestiona tanto la magnitud de esa mejora como la metodología utilizada para construir la medición. Su planteo no rechaza que la pobreza haya descendido desde el pico registrado tras la devaluación de fines de 2023, pero introduce una pregunta central: "cuánto de eso es una mejora real" versus un efecto de las propias limitaciones técnicas de la medición.
¿Cómo se mide la pobreza en Argentina?
El análisis de Lousteau se respalda en un trabajo del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad Nacional de La Plata. Este estudio examina cómo cambiarían los resultados si se corrigieran tres aspectos metodológicos críticos en la medición oficial del INDEC.
El primero de esos aspectos refiere a la canasta básica utilizada para definir la línea de pobreza. Actualmente se construye sobre patrones de consumo de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares de 2004/2005, en lugar de la versión más reciente de 2017/2018. Según Lousteau, esta antigüedad subestima el peso actual de servicios esenciales como electricidad, gas, agua y transporte dentro del presupuesto familiar, dado los aumentos significativos registrados en los últimos años.
Tres problemas metodológicos en la medición oficial
El segundo problema identificado es el desfase temporal entre los ingresos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y los precios utilizados para establecer la línea de pobreza. Conforme al trabajo del CEDLAS, este efecto habría sobreestimado la pobreza durante los meses de mayor inflación y, en consecuencia, amplificado artificialmente la posterior caída.
El tercer aspecto se vincula con la calidad de los datos de ingresos. Una proporción significativa de esos ingresos proviene de declaraciones realizadas por los propios hogares y no de registros administrativos, especialmente en el caso de trabajadores informales y cuentapropistas. Lousteau señaló que estas diferencias generan interrogantes persistentes entre especialistas respecto de la confiabilidad de esas cifras.
¿Cuántas personas salieron realmente de la pobreza?
Tras aplicar estas correcciones metodológicas, el CEDLAS obtuvo resultados muy diferentes a los comunicados por el Gobierno. Lousteau destacó que la reducción acumulada entre fines de 2023 y principios de 2025 sería de solo 1,6 puntos porcentuales, no de los diez o quince millones que se difundió oficialmente.
En términos de personas, el recálculo del CEDLAS indica que aproximadamente 670.000 personas habrían logrado salir de la pobreza en ese período, cifra considerablemente menor a la presentada por las autoridades. Lousteau reconoció que "aun así, es una buena noticia", pero enfatizó que la discusión debe ser precisa en cuanto a magnitudes.
El diputado también subrayó que el estudio del CEDLAS solo llega hasta el primer semestre de 2025 y que, posteriormente, la pobreza oficial mostró una tendencia ascendente nuevamente. Con el dato de 32,3% reportado para el primer semestre de 2026, esa dinámica se confirmó, erosionando incluso la ganancia "real" que el análisis académico había estimado.
Impacto para empresas y administradores: qué significa este debate sobre la pobreza
Para los empresarios y administradores argentinos, este debate sobre la metodología de medición de la pobreza tiene implicaciones directas en la planificación de negocios y en la evaluación del contexto macroeconómico. Una medición más precisa del nivel de pobreza permite estimar con mayor exactitud el tamaño del mercado interno, el poder adquisitivo de los consumidores y la demanda potencial de bienes y servicios.
Si la mejora real en los indicadores sociales es menor a la difundida, como sugiere el análisis de Lousteau, las empresas deben ajustar sus proyecciones de crecimiento y demanda. Esto afecta decisiones sobre inversión, expansión, empleo y estrategias de precios. Además, un contexto de pobreza creciente impacta en la capacidad de pago de clientes y proveedores, incrementando el riesgo crediticio y la morosidad.
La precisión en estas mediciones también es relevante para acceder a financiamiento, ya que bancos e inversores internacionales evalúan indicadores sociales al momento de definir tasas y disponibilidad de crédito. En conclusión, entender la verdadera evolución de la pobreza es esencial para tomar decisiones empresariales informadas en un contexto económico volátil como el argentino.







