El campo argentino mantiene una posición de liquidez financiera gracias al desempeño de maíz y trigo, lo que ralentiza la comercialización de soja a pesar de los precios internacionales favorables.
¿Por qué los productores venden maíz y trigo antes que soja?
Durante 2026, las campañas de maíz y trigo aportaron aproximadamente US$ 2.184 millones en liquidez al sector agrícola argentino. Esta situación ha modificado el comportamiento comercial tradicional: los productores priorizan la venta de cereales sobre la de soja, generando una holgura financiera que les permite diferir decisiones de comercialización de la oleaginosa.
La razón es clara. El maíz y el trigo presentan menores retenciones a la exportación en comparación con la soja, lo que incentiva su venta inmediata. Además, ambos cereales registraron excelentes rendimientos en la presente campaña, permitiendo a los productores hacer caja de manera rápida para financiar la siembra gruesa 2026/27 y cancelar deudas pendientes.
¿Cuál es el estado actual de la comercialización de soja?
Sobre un volumen estimado de 50 millones de toneladas de soja para la campaña actual, apenas se han comercializado 21 millones de toneladas (42%). Esta cifra contrasta significativamente con el 53,5% liquidado hace un año en el mismo período. El remanente pendiente de venta asciende a 29,4 millones de toneladas.
A la cotización de US$ 488 por tonelada en el mercado de Chicago, ese stock representaría un ingreso potencial de US$ 14.300 millones en los próximos seis meses. Sin embargo, la falta de urgencia financiera desacelera los embarques. A diferencia de años anteriores, cuando el gobierno implementó rebajas transitorias de retenciones, ahora no hay incentivos estatales temporarios que aceleren las ventas.
El costo de las retenciones y el precio efectivo de la soja
Los productores sojeros enfrentan una alícuota de retenciones del 24% sobre la exportación del poroto, o del 22,5% para derivados industrializados. Aunque recibieron un recorte adicional de dos puntos porcentuales, esta carga fiscal sigue siendo significativa.
El impacto es directo: con un precio internacional de US$ 488, el precio efectivo que reciben los productores es de US$ 371 por tonelada, equivalente a $558.000 por tonelada al cambio oficial. Si quisieran recuperar dólares en el mercado cambiario local pagando la cotización MEP, el precio real se reduce a US$ 363.
Aunque este valor sigue siendo superior a los US$ 278 que promedió la campaña 2025, los productores no lo consideran suficientemente atractivo como para no esperar. El gobierno anunció rebajas mensuales y progresivas de retenciones hacia fin de año, lo que genera expectativa de mejores condiciones futuras.
Potencial exportador y proyecciones para 2027
Los stocks actuales muestran un potencial exportador considerable: 29,4 millones de toneladas de soja, 27,9 millones de toneladas de maíz y 8 millones de toneladas de trigo. En términos de valor, este volumen podría generar ingresos por US$ 21.800 millones a precios actuales.
Sin embargo, los expertos proyectan un ritmo más lento de comercialización. Si se mantuviera el patrón histórico de ventas para esta época del año, se exportarían aproximadamente 19,6 millones de toneladas de soja y 15 millones de toneladas de maíz, generando ingresos cercanos a US$ 12.500 millones.
¿Se recuperaron los márgenes de rentabilidad del sector?
A pesar de la suba de precios, los productores no perciben una recomposición importante en sus márgenes de rentabilidad. Según análisis de Fundación Mediterránea, la soja mejoró 11% respecto de 2025, pero permanece por debajo de su nivel histórico. El maíz retrocedió 9% y el trigo 11% en comparación anual.
El punto crítico es la capacidad de compra de insumos. El poder de compra de una tonelada de soja frente a urea y fosfato diamónico se ubica 18% debajo del promedio histórico, aunque en las últimas semanas mostró mejora tras la estabilización del precio del petróleo. La capacidad de compra de glifosato se mantiene estable.
Implicancias para empresas y administradores de negocios agrícolas
Para los administradores de empresas agrícolas, la actual dinámica presenta tanto oportunidades como desafíos. La liquidez generada por maíz y trigo permite financiar operaciones sin recurrir a crédito, reduciendo costos financieros. Sin embargo, la demora en la comercialización de soja impacta en la rotación de capital y en la planificación de inversiones.
La expectativa de rebajas progresivas de retenciones genera un escenario de incertidumbre para la toma de decisiones. Los administradores deben evaluar si esperar hasta fin de año para obtener mejores condiciones fiscales o comercializar ahora a precios internacionales vigentes. Además, la brecha entre precios nominales y poder de compra real obliga a revisar márgenes operativos y estrategias de cobertura de costos de insumos para 2027.






