El Ministerio de Economía optó por no colocar nuevos bonos en dólares en su tercera licitación consecutiva, evitando convalidar tasas de dos dígitos en un contexto de riesgo país elevado. La decisión refleja las dificultades crecientes para financiarse en moneda extranjera mientras el indicador de riesgo soberano se mantiene en niveles críticos.
¿Por qué el Gobierno dejó de emitir deuda en dólares?
El Tesoro nacional priorizó bonos en pesos y títulos ajustados al tipo de cambio oficial en su licitación de ayer, descartando emisiones dolarizadas. La causa principal fue el aumento del riesgo país a 628 puntos básicos, máximo alcanzado en seis meses, que tornó inviable acceder a financiamiento externo a tasas inferiores al 10% anual. Colocar deuda a esos niveles habría significado un costo fiscal insostenible para las arcas públicas.
La estrategia de refinanciación exclusivamente en pesos se repitió por tercera ocasión consecutiva. Durante la licitación de ayer, la Secretaría de Finanzas adjudicó $8,62 billones en deuda local, con ofertas totales de $9,77 billones, logrando un rollover del 100,08%. Esto significa que el Gobierno renovó la totalidad de los vencimientos y obtuvo apenas un margen mínimo de financiamiento fresco.
El bono de mayor demanda fue el TML27, atado a la tasa TAMAR con vencimiento al 30 de julio de 2027, que concentró adjudicaciones por $2,92 billones. Los títulos se colocaron con márgenes cercanos a las cotizaciones del mercado secundario, según confirmó Felipe Núñez, funcionario del equipo económico del ministro Luis Caputo.
Incertidumbre electoral y volatilidad en los mercados
La incertidumbre respecto a las elecciones presidenciales de 2027 ha generado una reacción conservadora entre los inversores internacionales. Los bonos dolarizados con vencimientos a partir de 2028 experimentaron caídas cercanas al 1%, reflejando el rechazo del mercado a papeles de largo plazo en un contexto electoral volátil. El riesgo país escaló desde los 400 puntos básicos registrados a fines de julio hasta los niveles actuales, evidenciando una pérdida de confianza en la capacidad de repago soberano.
Este escenario obligó al Gobierno a ajustar su horizonte de endeudamiento, priorizando bonos que venzan dentro del actual mandato presidencial. La estrategia anterior de estirar vencimientos más allá de 2027 resultó incompatible con las condiciones de mercado prevalecientes durante septiembre de 2026.
Desafíos del plan financiero 2027
El plan financiero presentado por el equipo económico para 2027 contemplaba la emisión de USD 5.000 millones a través del Bonar 2029, un bono dolarizado de largo plazo. Con el riesgo país en 628 puntos básicos, esta operación luce inviable en el corto plazo. Para que sea viable, el indicador tendría que descender nuevamente a 400 puntos básicos o menos, un escenario que hoy parece improbable aunque no imposible.
Otro pilar del financiamiento 2027 depende de las compras de divisas del Banco Central. El plan prevé que el BCRA adquiera USD 10.000 millones durante el próximo año, generando los dólares necesarios para que el Tesoro cancele sus vencimientos. Sin embargo, durante septiembre de 2026, el Central logró comprar menos de USD 300 millones, la cifra más baja del año, mientras que en lo que va de 2026 acumuló compras por más de USD 14.000 millones.
Presión sobre el mercado cambiario
La capacidad del BCRA para acumular reservas en 2027 enfrenta riesgos significativos. Si la incertidumbre electoral genera una demanda minorista creciente de dólares, el mercado cambiario dejará menos espacio para que el Central continúe comprando al ritmo previsto. Durante septiembre, el dólar oficial subió 5 pesos hasta alcanzar $1.545, mientras que el contado con liquidación se cotizó en $1.620, reflejando presiones sobre el tipo de cambio.
Implicaciones para empresas y administradores de negocios
Para los dueños y administradores de empresas argentinas, el panorama de financiamiento estatal tiene consecuencias directas. La imposibilidad del Gobierno de acceder a deuda en dólares a tasas competitivas reduce la disponibilidad de liquidez en el sistema financiero local, presionando los costos de financiamiento privado. Las tasas de interés para pymes y empresas medianas tienden a correlacionar con las condiciones de financiamiento soberano: cuando el Estado paga más caro, los bancos trasladan ese costo a sus clientes corporativos.
Además, la volatilidad cambiaria derivada de la incertidumbre electoral afecta la planificación financiera de empresas con exposición a dólares. La tendencia alcista del tipo de cambio oficial y la brecha con el contado con liquidación generan presiones sobre márgenes y requieren estrategias de cobertura más sofisticadas. Los administradores de empresas deben monitorear tanto la evolución del riesgo país como las decisiones de política monetaria del BCRA, dos variables que determinarán el acceso a financiamiento y la estabilidad cambiaria durante 2027.







