Marina Dal Poggetto, directora de la consultora Eco Go, alertó sobre el encarecimiento de Argentina en moneda extranjera y la parálisis de los motores productivos que frenan la actividad económica. Según su diagnóstico de octubre de 2026, la política de contención de precios del Gobierno generó estancamiento en la inversión y el consumo, limitando además la acumulación de reservas internacionales.
¿Cuál es el diagnóstico de Dal Poggetto sobre la economía argentina?
Dal Poggetto señaló que la economía argentina enfrenta un escenario de recesión en los sectores tradicionales del mercado interno. La especialista observó que ni la inversión ni el consumo logran traccionarse, mientras que el Gobierno mantiene restricciones operativas en el mercado de cambios que limitan la compra de dólares. Según su análisis, "la tasa de inversión está cayendo" y las inversiones actuales carecen del impacto macroeconómico necesario para recuperar la actividad general.
Intervención estatal y controles en el mercado financiero
La directora de Eco Go enfatizó que la política económica actual dista de un esquema de libre mercado. Remarcó que "el Gobierno controla el tipo de cambio y controla la tasa de interés", evidenciando los mecanismos de intervención que ejerce la autoridad monetaria sobre el sistema financiero. Esta dinámica de regulación afecta directamente las decisiones de inversión y ahorro en la economía.
Dal Poggetto explicó que el estancamiento económico se originó a principios de 2025, cuando "la economía está planchada desde febrero del 2025". En ese período, aunque hubo expansión del crédito e incremento de ingresos, la política fiscal actuó de forma contractiva mediante la licuación de partidas presupuestarias, generando un efecto neto depresivo sobre la actividad.
Sectores que crecen mientras otros se contraen
La economista diferenciaron una dinámica heterogénea dentro de la economía. Mientras la inversión y el consumo se contraen, "lo que crece es la energía y minería, el sistema financiero de la mano del crédito y el agro". Este desacoplamiento refleja que ciertos rubros primarios y financieros logran expandirse independientemente del freno general, aunque sin impacto suficiente para revertir la tendencia contractiva del nivel de actividad.
El ancla cambiaria y el encarecimiento en dólares
Para controlar la inflación, el Ejecutivo apela a un ancla cambiaria mediante un dólar controlado, complementado con un ancla tarifaria que frena los ajustes de precios relativos. Dal Poggetto señaló que esta estrategia apunta a cerrar 2026 con inflación en torno al 30%, por debajo del 2% mensual promedio. Sin embargo, la contrapartida genera un desfasaje crítico.
La inflación acumulada hasta agosto de 2026 alcanzó el 28%, lo que genera una brecha importante respecto al dólar oficial controlado. "La contracara de tener un dólar muy clavado, con la inflación que acumula, es una inflación en dólares. La Argentina se está encareciendo en dólares", advirtió Dal Poggetto. Este fenómeno reduce la competitividad internacional de la economía argentina y encarece los bienes y servicios locales cuando se cotizan en moneda extranjera.
Impacto para empresas y administradores: el desafío de la competitividad en dólares
Para los dueños y administradores de empresas argentinas, el diagnóstico de Dal Poggetto plantea desafíos concretos. El encarecimiento relativo en dólares afecta la competitividad de las exportaciones y eleva los costos de importación de insumos, presionando márgenes operativos. Las pymes que dependen de importaciones enfrentan una brecha creciente entre el dólar oficial y los costos reales, mientras que los exportadores pierden ventaja comparativa.
Además, el freno de la inversión y el consumo limita la demanda interna, reduciendo oportunidades de crecimiento en sectores no transables. La política de control de precios y tasas restringe también el acceso al financiamiento en términos competitivos. Para las empresas, la recomendación implícita es anticipar ajustes cambiarios futuros y evaluar estrategias de cobertura en dólares, mientras se monitorea el ritmo de inflación acumulada que define la brecha real de competitividad.







