Los ciudadanos argentinos adquirieron el doble de divisas que el Banco Central desde diciembre de 2023. Mientras la entidad monetaria compró u$s36.477 millones, las personas físicas acumularon u$s72.904 millones en el mismo período, evidenciando una preferencia creciente por la moneda extranjera en un contexto de libertad cambiaria.
¿Cuánto compraron los argentinos en dólares desde la salida del cepo?
Tras la eliminación del cepo en abril de 2025, los particulares adquirieron u$s33.373 millones hasta las elecciones de octubre de ese año. Posteriormente, entre noviembre de 2025 y agosto de 2026, la compra continuó con u$s30.391 millones adicionales. Esta demanda sostenida refleja la decisión de los argentinos de utilizar libremente la moneda que prefieren para sus transacciones y ahorro.
El Banco Central, por su parte, aceleró sus adquisiciones tras las elecciones de octubre de 2025, comprando u$s14.673 millones —equivalente al 40% de todas sus compras desde que asumió el gobierno—. Este incremento responde a un mayor ingreso de divisas al país, principalmente por exportaciones.
Exportaciones agropecuarias y energéticas: el motor de divisas
El sector agropecuario aportó u$s106.480 millones desde diciembre de 2023 hasta agosto de 2026, mientras que petróleo, gas y minería sumaron u$s41.337 millones. En conjunto, estas actividades generaron el doble de lo que compraron los particulares, demostrando que la economía cuenta con suficiente oferta de divisas. El sector energético ya representa el 40% de lo aportado por la actividad agropecuaria, una brecha que continuará reduciéndose en los próximos meses.
Dolarización endógena: ¿círculo vicioso o virtuoso?
Los depósitos en dólares del sector privado crecieron u$s26.772 millones (representando el 36,7% de todas las divisas compradas por particulares), mientras que los préstamos en la misma moneda aumentaron u$s21.671 millones, equivalente al 81% de ese crecimiento. Este fenómeno refleja una dolarización endógena donde los argentinos utilizan la divisa no solo como refugio, sino como instrumento de ahorro institucionalizado.
A diferencia de interpretaciones que ven este proceso como un síntoma de desconfianza, los datos muestran que las compras se destinan a pagos de deudas, viajes e inversiones, no al atesoramiento. Con un superávit de cuenta corriente en el mercado cambiario y superávit fiscal en la Tesorería, la demanda de dólares por parte de personas físicas no representa una amenaza para la estabilidad económica.
Por qué un impuesto a la compra de dólares carece de sentido
Gravar la adquisición de divisas por parte de los ciudadanos contradice la política de libertad económica implementada desde abril de 2025. Los errores de gobiernos anteriores consistieron en aplicar restricciones cambiarias que obligaban a los argentinos a ahorrar en pesos o recurrir al mercado informal. Revertir esa represión fue correcto; reimponerla mediante tributación sería un retroceso.
Con exportaciones creciendo a niveles pocas veces vistos, ingresos de divisas sostenidos y un contexto macroeconómico que no muestra señales de alarma hasta 2027 —año de las próximas elecciones presidenciales—, no existe justificación económica para desincentivar la compra de dólares. El Banco Central mantiene sus compras, la Tesorería registra balances positivos mensuales y el pago de la deuda está asegurado hasta 2027.
Impacto para empresas y administradores: la importancia de la estabilidad cambiaria
Para los dueños y administradores de empresas argentinas, esta dinámica de dolarización endógena tiene implicaciones directas. La disponibilidad de divisas sin restricciones facilita operaciones comerciales, acceso a financiamiento en moneda extranjera y cobertura de riesgos cambiarios. La ausencia de un impuesto a la compra de dólares mantiene un entorno predecible para la toma de decisiones de inversión y tesorería.
Además, la fortaleza de las exportaciones agropecuarias y energéticas genera demanda de servicios y bienes de empresas locales, mientras que la estabilidad del mercado cambiario reduce la volatilidad que históricamente afectó márgenes y planificación financiera. Para las pymes que operan con divisas, la libertad de compra sin cargas tributarias adicionales es un factor competitivo clave frente a economías con restricciones similares a las que Argentina dejó atrás.







