El mercado financiero interpreta el deterioro de la imagen presidencial mediante un indicador matemático: la diferencia de tasas entre bonos que vencen antes y después de las elecciones de 2027. Esa brecha, conocida como "tasa forward", refleja el premio que exigen los inversores por asumir incertidumbre política en títulos de plazo más largo.
¿Qué es la tasa forward y por qué crece?
La tasa forward compara la rentabilidad de dos bonos idénticos emitidos por el Tesoro en dólares bajo ley local: uno vence en octubre de 2027, todavía bajo administración Milei, y el otro en 2028, ya con un nuevo gobierno. El diferencial entre ambos mide el riesgo político percibido. Durante julio de 2026 estaba en 12%, saltó a 16% en agosto y alcanzó 20% en las últimas semanas de septiembre.
Ese movimiento refleja una evaluación cada vez más pesimista de los operadores sobre la continuidad del actual proyecto económico. Los analistas vinculan directamente este aumento con la caída en la imagen del presidente Milei, visible tanto en encuestas de intención de voto como en indicadores de confianza en el Gobierno. Para los inversores, un gobierno diferente podría significar default, reperfilamiento de deuda o incluso pesificación compulsiva de los títulos.
La matemática del riesgo político: 20% anual en dólares
En el mercado secundario, el bono AO27 ofrece 4,37% anual y funciona como activo de refugio ante el ruido electoral. En contraste, el AO28 paga un inédito 11,9%. Para que un inversor obtenga el mismo rendimiento reinvirtiendo el bono más corto, necesitaría una tasa de 20% anual en dólares durante ese año intermedio: esa es la prima que el mercado exige por el riesgo de transición política.
El cálculo se realiza comparando las rentabilidades totales capitalizadas a sus respectivos plazos. El bono de 2027 suma capital e intereses en 104,37; el de 2028 alcanza 111,9. Elevando este último a potencia 2 (dos años de duración) y dividiendo por el primero, surge una tasa forward de aproximadamente 19,9%, redondeada en 20%.
El impacto en el plan de Caputo y la emisión de deuda
Esta volatilidad golpea directamente las finanzas del Tesoro. El ministro de Economía, Toto Caputo, suspendió en septiembre de 2026 la colocación del bono AO29, con el que esperaba captar u$s2.000 millones para cubrir vencimientos de deuda externa. Cuando el plan comenzó, el mercado aceptaba una tasa de 8%; ahora exigiría al menos 12% anual, una cifra que el equipo económico considera insostenible.
A inicios de 2026, el primer tramo de bonos domésticos (vencimiento octubre 2027) se agotó rápidamente. El mercado los llevó a 5%, por debajo del tope de 6% propuesto por el gobierno, gracias a la alta liquidez bancaria y la atracción de cupones mensuales. El segundo tramo (noviembre 2028) ya mostró el costo político: requirió 300 puntos básicos adicionales simplemente por vencer después de las elecciones.
Posiciones defensivas y señales de recesión
Los bancos, con u$s7.000 millones en liquidez dolarizada ociosa, mostraban interés en el tercer bono (AO29). Pero la caída en cotizaciones de títulos en el mercado secundario, junto con indicadores de contracción económica y proyecciones recesivas de analistas como JP Morgan, generaron un escenario de defensiva.
Aunque el gobierno atribuye parte de la suba de tasas al "efecto contagio" de la Reserva Federal estadounidense, los analistas locales señalan que el factor político es determinante. Si fuera solo una cuestión externa, ambos bonos subirían tasas en proporción similar; lo que se ve es un ensanchamiento de la brecha, concentrado en títulos post-electorales.
Impacto para empresas y administradores: el costo de la incertidumbre política
Para los dueños y administradores de empresas argentinas, esta dinámica tiene consecuencias directas. La caída en la capacidad del Tesoro para financiarse a tasas accesibles presiona hacia políticas de ajuste fiscal más severas, recortes en gasto público o aumentos tributarios. Además, la incertidumbre sobre la continuidad de las políticas económicas post-2027 desalienta inversión privada de largo plazo y encarece el crédito bancario, afectando la disponibilidad de fondeo para pymes y empresas medianas.
La "tasa forward" se ha convertido en uno de los indicadores más observados para anticipar si 2027 será un año de estabilidad, como promete Caputo, o de turbulencia cambiaria. Para los empresarios, monitorear este diferencial es clave para evaluar riesgos de refinanciamiento, dolarización de pasivos y exposición al tipo de cambio en los próximos meses.







