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Superávit fiscal: dónde recortó el Gobierno en el primer semestre
Economía

La motosierra del primer semestre: dónde recortó el Gobierno para mantener el superávit fiscal

El Gobierno mantuvo el superávit fiscal durante el primer semestre de 2026 mediante recortes en transferencias a municipios y gastos en bienes de uso, a pesar de presiones al alza en intereses de…

El Gobierno mantuvo el superávit fiscal durante el primer semestre de 2026 mediante recortes en transferencias a municipios y gastos en bienes de uso, a pesar de presiones al alza en intereses de deuda e indexación de jubilaciones.

La recaudación mostró una nueva caída en junio tras el repunte de mayo, que había sido impulsado por la liquidación de Ganancias de las sociedades. La prórroga de vencimientos y la baja en retenciones explicaron esta contracción, obligando al Ejecutivo a profundizar ajustes en el gasto para sostener el resultado fiscal positivo.

¿Cómo el Gobierno logró mantener el superávit en junio?

A pesar de enfrentar dos frentes de presión al alza en el gasto, el Gobierno consiguió repetir superávit en junio mediante recortes selectivos. Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el gasto primario devengado creció 3,6% interanual en términos reales, mientras que lo efectivamente pagado apenas aumentó 0,4%, reflejando un incremento en la deuda flotante mensual.

La indexación de jubilaciones según la inflación de dos meses atrás y los mayores gastos en energía para contener presiones inflacionarias fueron los principales desafíos. Sin embargo, el gasto en intereses de deuda creció 1244% interanual, mientras que las transferencias al sector privado (que incluyen jubilaciones y subsidios) aumentaron 7,1% en términos reales.

Dónde se concentraron los mayores recortes del semestre

En el análisis acumulado del primer semestre de 2026, los ajustes fueron más profundos. El gasto primario devengado cayó 2,3% real interanual, aunque si se incluyen los intereses de deuda, la variación fue positiva con un aumento de 1,4%. Medido en pesos de 2026, el gasto en los primeros seis meses rondó los $70 billones, ligeramente por debajo de los $72 billones gastados en igual período de 2025.

Los mayores recortes se concentraron en transferencias a provincias y municipios (-61,8% real), gastos en bienes de uso (-44,1%) y ayudas sociales a personas (-13,1%). Estos ajustes fueron parcialmente compensados por aumentos en subsidios económicos (+29,6%), impulsados principalmente por energéticos (+73,7%) debido a la ampliación de cobertura de tarifas para hogares de bajos ingresos.

Presiones al gasto que el Gobierno debió contener

Varios rubros experimentaron aumentos significativos durante el semestre. Los activos financieros crecieron 104,8%, los servicios de deuda 51,6% y otras transferencias a privados 46%. El gasto en personal también fue ajustado, con una reducción de 4,4% real que representó el mayor aporte a la contención del gasto por la magnitud de esta partida.

La deuda flotante acumulada en el primer semestre alcanzó $3,9 billones, equivalente al 0,3% del PIB, con un incremento de 0,2 puntos porcentuales respecto a mayo. Este nivel se ubicó similar al registrado en junio de 2025, con aumentos estacionales típicos por pago de aguinaldos en los primeros días de julio.

Cambios en la estructura del gasto público

La composición del presupuesto se modificó significativamente durante 2026. El gasto en seguridad social redujo su participación del 63% al 56%, mientras que los servicios de deuda ganaron relevancia como segunda partida presupuestaria con el 13% del gasto total. Este cambio refleja el mayor peso de los intereses de deuda en las cuentas fiscales.

Comparativamente, el gasto devengado en el primer semestre de 2026 fue 34% menor en términos reales respecto al mismo período de 2023, según datos del Centro de Economía Política (CEPA). Esta contracción acumulada muestra el alcance de los ajustes implementados desde el inicio de la gestión actual.

Meta fiscal comprometida con el FMI y desafíos por recaudación

El Gobierno se comprometió con el Fondo Monetario Internacional a cerrar 2026 con un superávit de 1,4% del PBI, revisado a la baja desde la meta original de 2,2% tras nueve meses consecutivos de caída en la recaudación (con excepción del repunte en mayo). La baja en retenciones, junto con el desempeño débil de IVA, Ganancias y aportes a Seguridad Social, presionó los ingresos fiscales.

Para empresas y administradores, estos datos señalan que el Gobierno prioriza mantener el superávit mediante recortes en transferencias a provincias y municipios, lo que afecta directamente la capacidad de inversión local. Al mismo tiempo, la expansión de subsidios energéticos para hogares de bajos ingresos impacta los precios relativos en la economía, mientras que la compresión de transferencias a universidades y el ajuste en personal público generan incertidumbre sobre servicios e infraestructura.

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