El exviceministro de Economía Gabriel Rubinstein cuestionó el nivel actual del tipo de cambio y advirtió que la moneda se encuentra depreciada respecto a lo que requiere la economía argentina en sus condiciones estructurales.
¿Por qué el dólar estaría demasiado bajo según Rubinstein?
Según el análisis del exfuncionario, el tipo de cambio real debería ubicarse significativamente más alto para acompañar el desempeño de la economía. Rubinstein sostiene que el dólar actual es "un dólar bueno para dentro de diez años de éxito", pero insuficiente para las condiciones presentes del país. Su estimación indica que el tipo de cambio real debería alcanzar niveles "por arriba de 100, 110, 120", lo que implicaría una depreciación adicional del peso respecto a su cotización actual.
El desafío central, según el economista, radica en lograr esa corrección cambiaria sin desatar una aceleración inflacionaria que neutralice el efecto buscado. Como referencia para dimensionar el ajuste requerido, Rubinstein indicó que para conseguir una suba de 20% en términos reales del dólar sería necesaria una devaluación nominal del orden del 50%. Proyectando hacia el período electoral de 2027, planteó que el dólar podría necesitar alcanzar valores entre $3.000 y $3.500 si la economía llega a su techo de capacidad cercano a los $2.300.
Crecimiento económico lánguido de cara a 2027
Rubinstein expresó preocupación por el ritmo de expansión económica en el contexto preelectoral. Tras revisar a la baja sus proyecciones tras conocer los últimos datos de actividad, estimó que la economía crecerá 1,4% durante 2026, cifra que califica como "muy baja". Para 2027, proyecta un crecimiento "por ahí con un poco de optimismo" de 2 y pico por ciento, lo que refuerza su caracterización de una economía "lánguida" en su aproximación a los comicios.
El exviceministro subraya que este desempeño está por debajo del potencial que ofrecen las condiciones estructurales argentinas. Menciona como factores favorables la producción de Vaca Muerta, el sector minero, las inversiones derivadas del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y las oportunidades en inteligencia artificial, además de un contexto geopolítico y precios internacionales relativamente favorables. Citando al exministro Domingo Cavallo, quien sostiene que la economía debería crecer entre 6% y 7%, Rubinstein concluye que "algo falla" en el actual esquema.
Fragilidad cambiaria y riesgos preelectorales
Respecto a la posibilidad de una corrida cambiaria en el período previo a 2027, Rubinstein calificó como "recontra frágil" la capacidad del Gobierno para responder ante una eventual dolarización de carteras. Cuestionó la relevancia del swap de monedas con China como instrumento de defensa cambiaria, describiéndolo como "un papel pintado" en términos de su efectividad real.
Sin embargo, aclaró que la probabilidad de una corrida dependerá en buena medida de la percepción del mercado sobre el resultado electoral. Si el mercado percibe que el Gobierno ganará las elecciones, la presión cambiaria sería contenible mediante herramientas convencionales: futuros, dólar linked y venta de reservas. En cambio, si existe incertidumbre sobre el resultado, la posibilidad de una "gran dolarización" preelectoral aumentaría significativamente, independientemente de quién sea el contrincante electoral.
Impacto para empresas y administradores: el dilema del esquema cambiario
Para los empresarios y administradores de negocios argentinos, el análisis de Rubinstein plantea un escenario de tensión estructural. Un tipo de cambio real depreciado favorece la competitividad de las exportaciones y protege la industria local de importaciones, pero limita la capacidad de importar insumos y tecnología a precios accesibles. La discusión sobre si el dólar está "demasiado bajo" refleja un trade-off clásico: la estabilidad nominal que busca el Gobierno para controlar la inflación versus la competitividad real que demanda el sector productivo para expandirse.
El crecimiento económico anémico que proyecta Rubinstein (1,4% en 2026) sugiere que el actual esquema cambiario no está generando los incentivos suficientes para que empresas inviertan y expandan operaciones. Además, la fragilidad cambiaria que identifica el economista implica riesgo de volatilidad en el tipo de cambio durante 2027, lo que dificulta la planificación financiera de mediano plazo para cualquier administrador de empresa. La incertidumbre electoral agrega una capa adicional de complejidad: si hay corrida cambiaria, los costos de financiamiento en dólares se dispararían y las empresas endeudadas en moneda extranjera enfrentarían presiones severas sobre sus márgenes.







