Durante la última semana de septiembre de 2026, el banco de inversión J.P. Morgan modificó en tres ocasiones su perspectiva sobre la economía argentina, pasando del optimismo inicial al pesimismo tras conocerse datos económicos negativos. Esta volatilidad en los pronósticos refleja la complejidad del escenario actual que enfrenta el país.
El lunes anterior, J.P. Morgan había proyectado un crecimiento del 2,6% para 2026. El miércoles siguiente elevó sus expectativas, sugiriendo que Argentina podría alcanzar la categoría de Investment Grade, calificación que no poseía desde 1998 y que permitiría a los fondos internacionales ampliar significativamente sus inversiones. Sin embargo, tras los datos del jueves que mostraron una caída de la actividad económica del 2,9% interanual y un aumento de la pobreza a 32,3% en el primer semestre, el banco revisó drásticamente sus estimaciones.
¿Por qué J.P. Morgan cambió su pronóstico de crecimiento?
El banco reconoció que los indicadores del jueves "superaron nuestra previsión" y caracterizó el desempeño de julio como "el peor rendimiento mensual desde el confinamiento de abril de 2020". La caída de actividad interrumpió tres semestres consecutivos de reducción de pobreza, que había alcanzado el 52% cuando asumió el Gobierno en diciembre de 2023.
J.P. Morgan atribuyó parte del deterioro a factores temporales: la declaración del 10 de julio como día no laborable para fines turísticos extendió el feriado de Independencia, reduciendo los días laborables disponibles. Además, la Copa Mundial de la FIFA generó menor cantidad de horas trabajadas en algunos sectores. El banco también señaló perturbaciones en la oferta, incluyendo interrupciones en el suministro de gas y precipitaciones superiores al promedio histórico que afectaron construcción, minería y servicios.
Reducción de expectativas y riesgo de recesión técnica
Tras este análisis, J.P. Morgan redujo su pronóstico de crecimiento a 1,5% para 2026 y anticipó la posibilidad de que el país entre en una recesión técnica. Este cambio refleja la creciente incertidumbre sobre la trayectoria económica en los meses restantes del año.
El contexto internacional también presiona las perspectivas. Las tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos alcanzaron 5,033% en la licitación de septiembre, el máximo desde 2006, incrementando el costo de financiamiento global. En Argentina, el riesgo país superó los 600 puntos básicos, dificultando el acceso a mercados internacionales de deuda.
Factores electorales y volatilidad política
Consultoras locales coinciden en que el riesgo político representa un factor determinante en la volatilidad. A diferencia de Brasil, donde las elecciones del domingo siguiente no generaban cambios drásticos en la economía independientemente del resultado, en Argentina el escenario electoral impacta directamente en la confianza de inversores.
Las probabilidades de reelección del Gobierno, que se descontaban en mercados con casi 85% hace semanas, bajaron a 70% con el lanzamiento de candidaturas de la oposición. Esta incertidumbre se refleja en los rendimientos de los bonos soberanos y en las decisiones de inversión.
Desafíos en la acumulación de reservas y financiamiento
El Banco Central acumuló compras de divisas por apenas USD 21 millones durante la última semana de septiembre, muy por debajo del promedio mensual, en un contexto de relativa calma cambiaria. Sin embargo, esta desaceleración en la acumulación de reservas comienza a generar preocupaciones.
El Ministerio de Economía enfrenta desafíos para refinanciar la deuda en un escenario de tasas internacionales elevadas. El Programa Financiero 2027 requiere aproximadamente USD 25.000 millones en financiamiento, de los cuales solo se han asegurado cerca de USD 9.900 millones mediante compras de divisas y colocaciones domésticas. La posibilidad de acceder a mercados internacionales de deuda antes de las elecciones de 2027 luce cada vez más remota.
Impacto para empresas y administradores de negocios argentinos
Para los dueños y administradores de empresas, estos cambios en las perspectivas de J.P. Morgan y el deterioro de indicadores económicos generan un escenario de mayor incertidumbre. La reducción de las expectativas de crecimiento a 1,5% implica un mercado interno más débil, con menor poder de compra y demanda. La suba de la pobreza a 32,3% comprime el consumo en segmentos amplios de la población.
El aumento del riesgo país por encima de 600 puntos básicos eleva los costos de financiamiento tanto para el sector público como privado. Las empresas que necesiten acceso a crédito internacional enfrentarán tasas significativamente más altas. Además, la volatilidad del tipo de cambio y la presión sobre las reservas generan incertidumbre para operaciones en moneda extranjera y decisiones de inversión a mediano plazo. La agenda parlamentaria sobre la Carta Orgánica del Banco Central y el Presupuesto 2027 será crítica para definir las reglas de juego en los próximos meses.







