La Reserva Federal enfrenta un desafío histórico para identificar la verdadera tendencia inflacionaria sin que las mediciones selectivas terminen enmascarando presiones reales en la economía.
¿Cómo mide la Fed la inflación subyacente?
La inflación subyacente representa aquella porción de la suba de precios que probablemente persista en el tiempo, más allá de shocks puntuales. En una economía de mercado, los precios individuales se mueven constantemente: sequías encarecen el café, excesos de oferta abaratan autos, o variaciones estacionales impactan servicios como telefonía móvil. Los bancos centrales intentan ver más allá de estos movimientos idiosincráticos para concentrarse en la tendencia general del nivel de precios.
Durante décadas, el enfoque fue simple: excluir alimentos y energía, categorías históricamente volátiles. Esta medida "núcleo" reemplazó la discreción de las autoridades por una regla fija. Sin embargo, es un atajo tosco. No todos los alimentos y productos energéticos son igualmente volátiles, ni todos los artículos volátiles son exclusivamente alimentos y energía. Los precios de restaurantes quedan fuera pese a ser estables, mientras que tarifas aéreas y habitaciones de hotel permanecen dentro.
El legado de Arthur Burns y la trampa de excluir demasiado
A comienzos de los años setenta, Arthur Burns, presidente de la Reserva Federal, enfrentó un problema inflacionario similar. Ante sucesivos shocks de oferta, respondió excluyendo precios que atribuía a "factores especiales": el embargo petrolero árabe, el colapso de la cosecha de anchoas de Perú, autos usados, compras de viviendas, incluso la "manía del oro". Cuanto más estrechaba el canon de medición, más la inflación se volvía "católica", es decir, omnipresente. La lección fue clara: ignorar presiones reales no las elimina.
Medio siglo después, Kevin Warsh, presidente de la Fed desde septiembre de 2026, enfrenta el mismo dilema. Descartó la medida núcleo como "estimación gruesa" y prefiere alternativas: promedios recortados que excluyen las mayores oscilaciones de precios y medidas de amplitud inflacionaria. El 16 de septiembre de 2026, Warsh señaló que los precios subían más de 3% en "demasiadas" categorías, lo que justificó la decisión de la Fed de subir tasas de interés por primera vez en tres años.
Promedios recortados y la mediana: ¿mejor precisión?
Los economistas buscaron durante años alternativas más precisas. En 1994, Michael Bryan de la Fed de Cleveland y Stephen Cecchetti de Brandeis demostraron que ordenar variaciones de precios y concentrarse en el centro —ya sea recortando extremos o tomando la mediana— capturaba mejor la tendencia inflacionaria. La Fed de Cleveland publica un IPC mediano y recortado, mientras que la Fed de Dallas produce una media recortada del PCE (índice de precios de gastos de consumo personal).
Durante décadas, la Fed de Dallas usó un recorte desigual: eliminaba el 24% inferior de variaciones de precios y el 31% superior, porque históricamente las caídas eran más grandes que las subas. Sin embargo, durante el salto inflacionario de 2021, esta medida comenzó a excluir demasiados aumentos genuinos. En abril de 2026, investigadores de Dallas advirtieron que su indicador podía estar subestimando la inflación. Produjeron una alternativa con recorte más parejo, que para el año hasta junio ubicó la inflación subyacente en 2,6%, frente al 3,3% del PCE núcleo.
El riesgo de cualquier regla imperfecta
Warsh cree que la Fed puede mejorar. Propone datos más oportunos y granulares: el Billion Prices Project, impulsado por Alberto Cavallo de Harvard y Roberto Rigobon del MIT, recopila millones de precios online diarios. El presidente de la Fed imaginó reunir mil millones de precios y concentrarse en lo que ocurra con el precio "500 millones y uno" (la mediana exacta).
Pero la mediana tiene un punto ciego. Una minoría significativa de precios puede dispararse sin mover el centro, como sucedió en 2021, cuando medidas medianas subestimaron la tendencia subyacente. Ninguna regla capturará perfectamente la inflación subyacente. La tentación entonces es compensar decidiendo qué precios ignorar, el mismo error de Burns.
Impacto para empresas y administradores argentinos
Para las pymes y administradores de empresas argentinas, entender cómo los bancos centrales globales miden inflación tiene relevancia directa. La metodología que adopte la Fed influye en sus decisiones de tasas de interés, lo que afecta el costo del financiamiento internacional, las remesas, y la competitividad de importaciones y exportaciones. Si la Fed subestima inflación, mantiene tasas bajas más tiempo; si la sobrestima, sube tasas prematuramente. En Argentina, donde la inflación sigue siendo un desafío (expectativas en 29,8% anual según septiembre de 2026), estas decisiones de política monetaria externa impactan directamente el acceso al crédito en dólares, la valuación de activos y la planificación financiera de mediano plazo. Warsh haría bien en abrazar una regla imperfecta pero transparente, evitando la discrecionalidad que ocultó presiones reales en los años setenta.







