La inflación de junio cerró en 1,9% según el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que difundió el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) el martes pasado, consolidando la tendencia descendente que caracteriza los últimos meses. Martín Rapetti, director ejecutivo de la consultora Equilibra, adelantó que julio podría mostrar una variación similar o incluso menor, entre 1,8% y 1,9% mensual, según el relevamiento semanal que realiza su equipo.
¿Qué factores explican la desaceleración inflacionaria?
La baja de la inflación responde a múltiples causas que Rapetti detalló en su análisis. En primer lugar, algunos ítems dejaron de presionar al alza, particularmente los precios de la carne y ciertos servicios regulados que habían impulsado significativamente el índice durante el cierre de 2025. Además, incide la estacionalidad propia del calendario económico: abril, mayo y junio históricamente registran aumentos de precios más moderados que otros períodos del año.
La consultora Equilibra construye su estimación inflacionaria mediante un relevamiento semanal de precios que le permite anticipar el dato oficial. En esta ocasión, el número proyectado por Rapetti coincidió con la cifra publicada por el Indec, lo que refuerza la confiabilidad de su metodología de seguimiento continuo.
Proyección para julio: ¿se mantiene la tendencia?
Según Rapetti, las primeras dos semanas de julio mantienen una dinámica similar a la de junio, situándose en el rango de 1,8% a 1,9% de inflación mensual. El economista señaló que "podría bajar de vuelta en el mes que estamos atravesando", aunque enfatizó que la proyección final dependerá del comportamiento de los precios en las próximas semanas. Este escenario sugeriría una continuidad en la moderación, aunque no garantiza que el descenso sea definitivo.
El verdadero problema: la pérdida de poder adquisitivo acumulado
Rapetti hizo una distinción crítica entre la inflación mensual y el deterioro del poder de compra real de los hogares. Mientras el IPC oficial mide variaciones de precios en una canasta promedio, cada familia tiene patrones de consumo distintos que generan impactos diferenciados. Lo que más afecta el bolsillo de los argentinos es la pérdida acumulada de poder adquisitivo, no la inflación puntual de cada mes.
Según la metodología propia de Equilibra sobre ingreso disponible, existe una caída de aproximadamente 14 puntos respecto a 2023. El economista detalló que ese poder de compra "cayó muy fuerte al principio del gobierno de Milei" durante 2023, tuvo una leve recuperación en 2024, pero desde principios de 2025 "está estancada o incluso por momentos en caída".
Factores de riesgo que podrían frenar la baja inflacionaria
A pesar de la tendencia positiva, Rapetti identificó varios riesgos que podrían interrumpir la desaceleración. La evolución del tipo de cambio es uno de ellos: el dólar subió desde mediados de junio pero se mantiene relativamente estable alrededor de $1.500. Cualquier movimiento brusco podría trasladarse a los precios de bienes importados y dolarizados.
Otro factor de alerta es el precio internacional del petróleo. La tensión geopolítica en el Estrecho de Ormuz podría presionar al alza las cotizaciones globales, encareciendo la nafta y los derivados petroleros. Rapetti destacó que "con derivados del petróleo se hacen los plásticos y los plásticos aparecen en toda la cadena de bienes", amplificando el impacto inflacionario potencial.
Para monitorear estas presiones subyacentes, Equilibra utiliza un indicador propio: la "inflación subyacente", que excluye precios volátiles y tarifas reguladas. Esta medición se mantiene hace más de un año por encima del 2% mensual, señal de que la inflación de "velocidad crucero" aún persiste, aunque podría descender levemente en los próximos meses.
Qué significa la inflación estancada para las empresas y administradores
Para los empresarios y administradores de negocios, la proyección de Rapetti presenta un escenario mixto. Por un lado, una inflación que se modera a 1,8-1,9% mensual facilita la planificación de costos y márgenes operativos a corto plazo. Sin embargo, la persistencia de la inflación subyacente por encima del 2% mensual implica que los aumentos de costos de insumos, energía y servicios continuarán presionando, especialmente en sectores que dependen de derivados petroleros o importaciones.
El otro desafío es la contracción del poder adquisitivo de los consumidores. Una caída de 14 puntos respecto a 2023 reduce la capacidad de compra de las familias, lo que se traduce en menor demanda agregada y presión sobre márgenes comerciales. Rapetti también advirtió que la economía "le está costando reactivarse" más allá del dinamismo puntual de sectores como minería, energía y agro. Para las pymes y empresas orientadas al mercado interno, esta debilidad de la demanda es un factor crítico a monitorear durante el resto de 2026.







