Una encuesta realizada en junio de 2026 revela que casi siete de cada diez estadounidenses respaldan obligar a las grandes empresas de inteligencia artificial a transferir el 50% de sus acciones a un fondo público, en respuesta a los despidos tecnológicos y la creciente preocupación por la seguridad laboral.
¿Qué es el fondo soberano de IA y por qué gana apoyo?
Un fondo soberano de inteligencia artificial es un vehículo público que captura participación accionaria directa en las principales empresas del sector para redistribuir sus ganancias hacia la ciudadanía. Según la encuesta realizada por Verasight entre 1.690 adultos en junio de 2026, el 69% de los estadounidenses apoya forzar a las compañías de IA a transferir la mitad de sus acciones a este tipo de estructura pública.
El respaldo refleja un cambio de ánimo social ante la expansión acelerada de la inteligencia artificial. Para muchos trabajadores, la promesa de mayor productividad convive con el temor real a perder el empleo en sectores expuestos a la automatización. Benjamin Leff, director ejecutivo de Verasight, señaló que en la percepción pública estos fondos se ven como una herramienta para devolver a la sociedad las ganancias de una industria que transforma el mercado laboral.
La propuesta se diferencia de subsidios puntuales o impuestos específicos porque plantea que la ciudadanía participe estructuralmente en la riqueza futura del sector mediante tenencia accionaria colectiva. Es un mecanismo de redistribución, no de regulación directa.
La iniciativa legislativa de Bernie Sanders y su alcance político
En junio de 2026, el senador Bernie Sanders presentó la Ley del Fondo Soberano de Riqueza de IA Americana, que otorgaría al público una participación del 50% en las mayores empresas de inteligencia artificial del país. Sanders argumentó que esta estructura garantizaría que los beneficios económicos generados por la IA se utilicen para mejorar la vida de toda la población, evitando que la riqueza derivada de la transición termine concentrada en un grupo ya privilegiado.
El senador fue crítico con el actual equilibrio de poder en Silicon Valley, afirmando que el futuro de la IA y el destino de la humanidad no deben decidirse a puertas cerradas por multimillonarios enfocados en maximizar poder y ganancias. Su propuesta encaja con una tradición política que busca tratar industrias estratégicas como motores de bienestar público, no solo como espacios de acumulación privada.
Sin embargo, obligar a empresas privadas a transferir la mitad de sus acciones a un fondo público sería una medida de enorme alcance, con implicaciones legales, políticas y financieras que seguramente generaría resistencia en Washington y en el sector tecnológico.
Despidos tecnológicos: la ansiedad laboral que impulsa el apoyo
El creciente número de recortes en empresas tecnológicas de Estados Unidos ha dejado a trabajadores frustrados y preocupados por la seguridad en el empleo. Mientras las corporaciones elevan sus inversiones en infraestructura y expansión asociadas a la IA, miles de empleados observan reducciones de plantilla en áreas que antes parecían estables.
El economista global senior de Goldman Sachs, Joseph Briggs, estimó en un informe publicado a mediados de 2026 que más del 9% de la fuerza laboral estadounidense, cerca de 15 millones de trabajadores, podría perder su empleo durante un período de transición de IA de diez años. Briggs comparó este escenario con el shock de automatización observado a fines de los años noventa y comienzos de los 2000.
Para los defensores del fondo soberano, el argumento central es que si la IA genera ganancias extraordinarias durante un proceso que desplaza trabajadores, una parte de esa riqueza podría servir para amortiguar el impacto social y reforzar el contrato social durante la transición.
¿Cómo funcionaría un fondo soberano de IA en la práctica?
Según la firma de investigación Windfall Trust, los fondos soberanos de riqueza pueden asumir varios roles en el desarrollo de la inteligencia artificial:
- Financiar infraestructura intensiva en capital: centros de datos, capacidad computacional, chips y redes eléctricas necesarias para competir en la carrera tecnológica.
- Tomar participaciones accionarias en compañías del sector y capturar parte de las ganancias para el tesoro público.
- Convertirse en accionista relevante de empresas con alto potencial, beneficiándose de su crecimiento y valorización.
En la economía digital, el activo crítico no es un pozo petrolero ni una reserva minera, sino la capacidad de producir modelos de IA, entrenarlos, desplegarlos y monetizarlos a escala. Por eso, trasladar la lógica de un fondo soberano al universo de la inteligencia artificial exige nuevas reglas de gobernanza y ejecución distintas a las de fondos basados en recursos naturales.
Los desafíos: rentabilidad, estrategia nacional y competencia global
Windfall Trust advirtió que los fondos soberanos de riqueza enfrentarían tensiones para equilibrar el bien público con la carrera global por desarrollar capacidades de IA. La firma señaló un conflicto central entre dos mandatos: el financiero, que busca maximizar retornos para los ciudadanos, y el estratégico, que persigue desarrollar capacidad nacional de IA y mantener influencia sobre sistemas de frontera.
Ambos objetivos no siempre coinciden. La mejor inversión desde un punto de vista puramente financiero podría ser una empresa extranjera de IA, no una nacional, lo que complicaría la narrativa de soberanía tecnológica y seguridad económica. Si un fondo privilegia rentabilidad, puede terminar reforzando actores globales ya dominantes; si prioriza estrategia nacional, podría sacrificar eficiencia financiera.
Ese dilema es clave para Estados Unidos y para cualquier país que estudie herramientas parecidas. El verdadero desafío será convertir la intuición social en una política viable sin frenar innovación ni profundizar nuevas distorsiones en el mercado.
Impacto para empresas y administradores de negocios argentinos
Aunque la propuesta es estadounidense, sus implicaciones trascienden fronteras y afectan directamente a empresas y administradores argentinos. Si Estados Unidos implementa un fondo soberano de IA, establecería un precedente global que otros países, incluida Argentina, podrían considerar adoptar o adaptar.
Para las pymes y medianas empresas argentinas que dependen de tecnología o que compiten en mercados globales, una redistribución de riqueza en la IA estadounidense podría alterar el panorama competitivo internacional. Además, si Argentina o el Mercosur consideran modelos similares en el futuro, los empresarios locales deberían prepararse para nuevas estructuras de gobernanza corporativa y participación estatal en sectores estratégicos.
Por otra parte, el debate refleja una preocupación global creciente sobre cómo las transiciones tecnológicas deben beneficiar al conjunto de la sociedad, no solo a los accionistas privados. En Argentina, donde la automatización y la adopción de IA avanzan, estos temas ganará relevancia en las conversaciones sobre política industrial, empleo y redistribución de riqueza en los próximos años.







