Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA revela que entre 2011-2013 y 2023-2025 la proporción de desocupados que pasó al autoempleo informal subió del 24,1% al 29,5%, mientras caía la transición hacia empleos formales del 24,1% al 19,6%. La paradoja incómoda: el desempleo se mantiene relativamente contenido, pero las condiciones laborales se deterioran de manera sostenida.
¿Por qué baja el desempleo pero se precariza el empleo?
El fenómeno que describe la UCA se denomina "desintegración laboral sin desempleo". En el primer trimestre de 2026, la tasa de desocupación fue del 7,8%, prácticamente sin variación respecto al mismo período de 2025. Sin embargo, en paralelo, la informalidad subió al 44,2% y también creció la subocupación. Las estadísticas oficiales registran a una persona como ocupada; los hogares argentinos saben que ese ingreso frecuentemente no alcanza para cerrar el mes.
Quienes ya contaban con empleo formal también experimentan esta degradación. Según el informe, el pasaje de asalariados registrados hacia el autoempleo informal subió del 4,8% al 6,2% en el período analizado. No se trata solo de desocupados que no encuentran acceso al mercado formal, sino de trabajadores que pierden estabilidad y caen en ocupaciones de menor escala.
La composición del empleo: más microinformalidad, menos empleo público
La estructura laboral urbana cambió de manera significativa. El sector microinformal pasó del 46,4% de los ocupados en 2010 al 48,3% en 2025. Dentro de ese universo, los trabajadores no asalariados informales treparon del 28,2% al 31,7%. En sentido inverso, el empleo público cayó del 20,1% en 2023 al 16,7% en 2025.
La precariedad laboral alcanzó cifras preocupantes en 2025: 45% del total de los ocupados experimentaba condiciones precarias. En el sector microinformal llegó al 66,5%, y entre asalariados informales de microestablecimientos trepó al 81,1%. Incluso en el empleo público, la precariedad fue del 15,9%, mientras que en el sector privado formal se ubicó en 29,1%.
Brechas salariales: la cara más brutal de la informalidad
Los números de ingresos exponen la dimensión más crítica del problema. Los trabajadores del sector microinformal cobran, en promedio, entre 30% y 40% menos que el resto de los ocupados. La brecha de movilidad salarial es aún más elocuente: en 2025, los trabajadores privados formales regulados tenían una probabilidad 18 veces mayor de estar en el quintil más alto de ingresos que en el más bajo. En el sector microinformal, esa relación descendía a 0,28.
El espejo peruano: informalidad sin desempleo masivo
El caso de Perú ofrece una advertencia relevante para Argentina. Durante años, Perú logró mantener baja inflación, reservas altas y bajo endeudamiento. Sin embargo, en 2025 registró una informalidad laboral del 70,2%, equivalente a 12,3 millones de trabajadores informales sobre una población ocupada de 17,6 millones. En zonas rurales alcanzó el 94,8% y en urbanas el 64,5%. La desocupación, en cambio, fue apenas del 4,9%.
Perú incluso mostró crecimiento del empleo en 2025 con 17,57 millones de ocupados, un aumento del 1,5% respecto a 2024. Pero la calidad laboral persistió como el desafío estructural. En empresas de hasta diez trabajadores, la informalidad fue del 88,6%; en las grandes, del 15,6%. En agricultura, pesca y minería alcanzó 91,1%; en servicios, 57,6%.
Qué significa la precarización laboral para empresas y administradores argentinos
Para los dueños y administradores de empresas argentinas, estos datos plantean desafíos estructurales. La erosión de la arquitectura laboral formal afecta directamente la capacidad de consumo de los trabajadores y, con ella, la demanda interna. Aunque la norma protectoria sigue escrita en la legislación, una porción creciente del trabajo queda fuera de su alcance.
El investigador Ramiro Robles del Observatorio de la Deuda Social señaló que se requieren políticas de coordinación salarial, fortalecimiento del salario mínimo y formalización genuina. Pero aclaró que formalizar no es solo registrar: implica crear canales reales para incorporar a quienes hoy están fuera del sistema fiscal, previsional y laboral porque sus márgenes productivos son mínimos. Su diagnóstico fue directo: "No parece evidente que en el corto plazo la situación del empleo vaya a mejorar".
Para las empresas, esto significa un mercado laboral fragmentado donde la mayoría de los trabajadores tiene capacidad de consumo limitada. La paradoja de la macro ordenada convive con una sociedad partida: números que cierran en las cuentas públicas mientras la factura se abre en los hogares de los trabajadores informales.







