El economista Iván Carrino analizó en una entrevista reciente los cambios estructurales que atraviesa la economía argentina, enfocándose en la apreciación del tipo de cambio, la expansión del crédito y el aumento de la morosidad. Su perspectiva desafía algunos diagnósticos alarmistas sobre el estado actual del sistema financiero, planteando que varios fenómenos deben interpretarse como parte de un proceso de normalización más prolongado.
¿Por qué el dólar sube menos que la inflación?
Según Carrino, una característica central del escenario económico actual es que la moneda se aprecia mientras la inflación desciende, generando una situación en la que el tipo de cambio crece a un ritmo inferior al de los precios. Esta dinámica no es casual: responde a los procesos de estabilización que impulsa el Gobierno y tiene antecedentes en otras economías que superaron crisis financieras.
"Nos vamos a tener que acostumbrar a tener un dólar que suba menos que la inflación", afirmó el economista. Su razonamiento se basa en que cuando un país implementa medidas que evitan crisis financieras, el tipo de cambio real tiende a caer y esa caída se sostiene durante un tiempo prolongado. El Banco Central compró 14.000 millones de dólares durante 2026, mientras que el Tesoro colocó deuda atada a la divisa porque los inversores valoran esos instrumentos, generando una apreciación que no responde únicamente a decisiones gubernamentales.
El mercado crediticio: expansión y nuevas realidades
Argentina está experimentando una recuperación significativa del crédito después de años de contracción. Sin embargo, esta expansión ocurre en un contexto completamente diferente al del pasado: la inflación ya no licúa el peso real de las cuotas, una característica que definió durante décadas el comportamiento de los deudores argentinos.
Para dimensionar la magnitud del cambio, Carrino señaló que el crédito doméstico al sector privado representa alrededor del 18% del PBI en Argentina, muy por debajo de otros países de la región:
- Uruguay: 30% del PBI
- Perú: 39% del PBI
- Brasil: 75% del PBI
- Chile: 102% del PBI
El monto promedio de los créditos ronda los $4.000.000,00, mientras que la mediana se ubica en torno a los $1.120.000,00. Esta recuperación del financiamiento modificó radicalmente las expectativas de quienes tomaban deudas: muchos asumieron que sus cuotas se licuarían con la inflación, como ocurría históricamente, pero esa premisa dejó de cumplirse.
¿Cuál es el nivel real de morosidad en Argentina?
Carrino relativiza las cifras de incumplimiento que circulan en el debate público. Aunque reconoce que existe morosidad en el sistema —cercana al 12% en el segmento de familias y algo superior al 3% en empresas—, plantea que esos números deben contextualizarse dentro de una expansión crediticia que durante años fue prácticamente nula.
"Hay seis millones de personas en mora, pero hay 20 millones que tomaron alguna deuda", señaló. Su argumento es que el 88% de los deudores paga sus créditos regularmente, lo que sugiere que el fenómeno de incumplimiento está siendo sobredimensionado. El aumento de la morosidad debe leerse como consecuencia natural de la expansión de un mercado que permanecía reducido, no necesariamente como evidencia de una crisis sistémica.
Fintech y acceso al crédito: el rol de las tasas altas
Las plataformas no bancarias cobran tasas significativamente superiores a las de los bancos tradicionales, una diferencia que Carrino justifica por el perfil de riesgo de sus clientes. El segmento no bancario presenta mayor morosidad que el bancario, por lo que sus tasas reflejan ese riesgo adicional.
Para ilustrar la relación entre riesgo y costo, Carrino utilizó como referencia el mercado estadounidense: "En Estados Unidos la tasa de la Fed es 3%, la de tarjeta de crédito 24%, seis veces más". Las fintech, según su análisis, cumplen una función crucial: otorgan crédito a personas que antes no tenían acceso al sistema financiero, incorporando como sujetos de crédito a quienes no cumplían con los requisitos habituales de los bancos.
El economista también defendió el retorno a tasas reales positivas después de años en los que la inflación erosionaba el valor de las deudas. "Liquidar deudas con tasas negativas destrozó el sistema financiero", afirmó, sugiriendo que la normalización hacia tasas por encima de la inflación es necesaria para la estabilidad del sistema.
Impacto para empresas y administradores: qué significa esta normalización crediticia
Para los dueños y administradores de empresas argentinas, el escenario que describe Carrino plantea desafíos y oportunidades simultáneas. La apreciación del dólar por debajo de la inflación afecta directamente la competitividad de las exportaciones y modifica los márgenes de las operaciones con moneda extranjera. Al mismo tiempo, la expansión crediticia abre posibilidades de financiamiento que estuvieron vedadas durante años.
Sin embargo, esta normalización también implica cambios en la estructura de costos. Las tasas reales positivas significan que el crédito es efectivamente más caro que en el pasado, cuando la inflación reducía el peso de las cuotas. Para las empresas, esto requiere revisar decisiones de inversión y endeudamiento con parámetros más rigurosos, sin contar con la licuación inflacionaria que caracterizó décadas previas.
La coexistencia de crédito bancario tradicional y plataformas no bancarias también diversifica las opciones de financiamiento disponibles, aunque con perfiles de riesgo y costo muy distintos. Las pymes que acceden a fintech deben evaluar cuidadosamente si las tasas altas son sostenibles en función de sus flujos operativos, especialmente en un contexto donde la inflación ya no ajusta automáticamente sus márgenes hacia arriba.
En conclusión, el diagnóstico de Carrino sugiere que Argentina está en un proceso de transición hacia un sistema financiero más normalizado, donde el dólar se aprecia, el crédito crece y las tasas reflejan genuinamente el riesgo. Para los empresarios, esto representa la necesidad de adaptarse a reglas de juego más cercanas a las de economías desarrolladas, pero con la volatilidad característica del contexto local.







