El dólar mayorista cerró el 28 de julio de 2026 en $1.498, tras tocar los $1.500 durante la jornada, en un contexto donde el Gobierno buscó contener la cotización antes del vencimiento de un bono clave atado a la devaluación.
Los mercados financieros internacionales atravesaban durante esa semana una volatilidad marcada por el desempeño del sector tecnológico más que por tensiones geopolíticas. La caída del petróleo por debajo de los USD 80 (retroceso de 5%) permitió que los índices estadounidenses se mantuvieran con ganancias: el Dow Jones avanzó 1,1% mientras el Nasdaq recortó pérdidas a 0,22%. En paralelo, los bonos del Tesoro norteamericano funcionaron como refugio seguro, con sus rendimientos bajando a 4,6% tras tocar 4,7% la semana anterior, lo que anticipaba una postura cautelosa de la Reserva Federal.
¿Por qué el Banco Central evitó que el dólar supere los $1.500?
La intervención de la autoridad monetaria fue directa y estratégica. Durante la jornada del 28 de julio, el Banco Central vendió futuros y bonos dollar linked para contener la cotización mayorista en el Mercado Libre de Cambios. El organismo no realizó compras de divisas por primera vez en 135 días consecutivos, marcando un quiebre en su política de acumulación de reservas. Se operaron USD 529 millones en el MLC, con el dólar terminando apenas un peso por debajo del piso psicológico de $1.500.
Según análisis de la consultora F2, dirigida por Andrés Reschini, la presión compradora respondía a un movimiento especulativo concreto: el fixing de la D31L6, un bono dollar linked que vencería a fin de mes, había fijado su precio en pesos la jornada anterior. Este mecanismo generó demanda adicional de divisas. El BCRA se retiró de la rueda spot y presumiblemente contó con apoyo de organismos públicos del lado de la oferta para mantener un techo en $1.500, evitando que la carga del vencimiento del Tesoro se hiciera más pesada para las finanzas públicas.
Cotizaciones paralelas en máximos históricos
Mientras el dólar mayorista se mantenía contenido, las cotizaciones informales continuaban su escalada. El dólar blue cerró en $1.570, registrando un avance de $10 respecto a la jornada anterior y manteniéndose en máximos históricos. El MEP se ubicó en $1.533, mientras que el contado con liquidación (CCL) subió tres pesos hasta $1.600. Esta brecha entre la cotización oficial y las cotizaciones paralelas reflejaba la presión compradora subyacente en el mercado.
En el mercado de futuros, el volumen operado alcanzó 2.050.672 contratos, con un alto grado de rollover (renovación de posiciones). El interés abierto apenas se incrementó en USD 671 millones, señal de que los operadores estaban principalmente refinanciando posiciones abiertas en lugar de tomar nuevas apuestas. En la rueda de soberanos dollar linked, el volumen saltó a USD 843 millones, donde el BCRA presumiblemente ofrecía rolleo para renovar la letra que vencería el 31 de agosto.
Contexto de riesgo país y mercado de bonos
El riesgo país argentino se mantuvo en 441 puntos básicos tras haber tocado 450 durante la rueda, mostrando un comportamiento equilibrado pese a que los bonos y acciones de países emergentes perdieron en promedio 2% por el fortalecimiento de los títulos estadounidenses. Las tasas de interés domésticas operaron en alza: las Lecap a tasa fija de mediano plazo rendían 1,97% efectivo mensual, mientras que los bonos CER operaron al alza con un rendimiento de 0,33% efectivo mensual.
El Merval de acciones líderes retrocedió 1,5% en pesos y 1,8% en dólares, con Metrogas encabezando las pérdidas con 4,25%, seguida por Edenor (3,45%) y Transportadora Gas del Norte (2,97%).
Impacto para empresas y administradores de negocios argentinos
Para dueños y administradores de empresas argentinas, la contención artificial del dólar mayorista presenta un escenario de corto plazo engañoso. La brecha creciente entre la cotización oficial ($1.498) y el dólar blue ($1.570) genera distorsiones en la toma de decisiones de inversión y financiamiento. Las empresas que necesitan acceder a divisas en el mercado informal enfrentan costos significativamente más elevados, mientras que quienes operan en el mayorista disfrutan de una cotización artificialmente contenida que no refleja la presión compradora real del mercado.
El vencimiento del bono D31L6 y la posterior letra que vence el 31 de agosto representan puntos de quiebre críticos. Una vez que estas obligaciones se liquiden, la presión sobre el tipo de cambio podría intensificarse, especialmente si el Banco Central no cuenta con reservas suficientes para intervenir o si la demanda de divisas continúa aumentando. Las empresas que planean operaciones de importación, endeudamiento en dólares o cobertura de riesgos cambiarios deben monitorear estos vencimientos y ajustar sus estrategias de acuerdo con la evolución de la cotización paralela, que suele anticipar movimientos del dólar oficial con varios días de anticipación.







