El Gobierno impulsa medidas para expandir el crédito y dinamizar una economía que registró una contracción de 0,6% en el segundo trimestre de 2026, pero enfrenta una contradicción fundamental: la política monetaria mantiene una restricción severa sobre la liquidez disponible en el sistema. Este conflicto se profundiza en un escenario de morosidad récord y tasas de interés elevadas, que desalientan tanto la demanda de financiamiento como la disposición de los bancos a otorgar nuevos préstamos.
¿Qué medidas anunció el Gobierno para impulsar el crédito?
Durante septiembre de 2026, el Ministerio de Economía lanzó un conjunto de iniciativas destinadas a flexibilizar el acceso al financiamiento. Puso en marcha un programa de hasta $2 billones para fondear créditos hipotecarios, con el objetivo de generar aproximadamente 17.000 a 18.000 operaciones para la compra de primera vivienda. Además, flexibilizó los requisitos para que empresas no exportadoras accedan a financiamiento en dólares utilizando depósitos en moneda extranjera disponibles en el sistema financiero, y el Banco Nación amplió sus líneas de crédito para la adquisición de vehículos.
Sin embargo, según el Ieral (centro de estudios de la Fundación Mediterránea), estas iniciativas representan apenas paliativos frente a un problema estructural que se instaló a partir de abril de 2025, cuando el Gobierno adoptó el control de agregados monetarios como eje de su política antiinflacionaria, restringiendo deliberadamente la liquidez en pesos bajo la expectativa de que aparecerían "dólares del colchón".
¿Por qué la restricción monetaria frena el crédito?
La estrategia de escasez de pesos no se materializó como se esperaba. La "dolarización endógena" no ocurrió, y en su lugar se produjo un estancamiento del stock de préstamos como porcentaje del PBI, fenómeno que explica buena parte de la caída de actividades intensivas en empleo.
Los números son elocuentes: en el período enero-agosto de 2026, solo 22 pesos de cada 100 emitidos para la adquisición de divisas quedaron circulando en la economía. Mientras tanto, la base monetaria aumentó 6,6% en términos nominales durante los últimos doce meses, pero el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió 33,5%, generando una contracción real de liquidez.
El M2 privado (agregado monetario amplio) se contrajo de 7,9% del PBI en el segundo trimestre de 2025 a 6,6% en la actualidad, mientras que la base monetaria se redujo de 4,4% a 3,8% del PBI en igual período. Esta compresión monetaria genera una paradoja: el Gobierno intenta reactivar el crédito con una mano mientras restringe la liquidez con la otra.
Morosidad elevada: el obstáculo que persiste
Otro desafío crítico es la persistencia de niveles récord de morosidad. En junio de 2026, la mora en el segmento de familias alcanzó 12,77%, y según estimaciones de la consultora 1816, avanzó a 12,94% en julio. El Banco Nación reconoció en un informe reciente que "los niveles de irregularidad permanecen elevados" y que "no existen elementos suficientes para concluir que el proceso de normalización se encuentre consolidado".
Para que las refinanciaciones funcionen, el Ieral sugiere que el Banco Central garantice liquidez en el corto plazo y amplíe el horizonte para el mediano plazo. También propone que la autoridad monetaria actúe en el mercado de tasas de interés, de manera similar a como interviene en el mercado de futuros del dólar.
¿Qué condiciones necesitan los bancos para expandir el crédito?
Fuentes del sector bancario establecieron una lista de requisitos para ampliar el financiamiento:
- Consolidación de la estabilidad macroeconómica basada en el orden de las cuentas públicas
- Reducción del riesgo país
- Crecimiento de la actividad económica
- Aumento de los ingresos disponibles de las familias
- Eliminación de impuestos distorsivos sobre los préstamos en los tres niveles de gobierno
- Moneda confiable y Banco Central independiente
- Normativa adecuada en términos de regulación financiera
Gonzalo Lacunza, economista de Empiria, afirmó que "el Gobierno no tiene muchas herramientas a disposición para impulsar el crédito, sobre todo porque no está dispuesto a coordinar la refinanciación de las familias en estado de mora". Señaló que aunque el Estado no necesariamente debe usar recursos propios, sí debe alinear a los bancos para que los deudores puedan normalizar sus deudas con todas las entidades simultáneamente.
Tasas reales elevadas y encajes históricos: el costo del crédito
Las tasas reales de interés permanecen en niveles altos por tres razones convergentes: el riesgo crediticio (probabilidad de incumplimiento), el temor de los bancos a nuevos episodios de volatilidad, y los encajes sobre depósitos que continúan en niveles históricamente elevados. Estos encajes obligan a las entidades a prestar a tasas superiores a las que pagan para fondearse, comprimiendo sus márgenes operativos.
Lacunza propuso como alternativa que el Gobierno reduzca escalonadamente los encajes para comprimir el spread entre tasas activas y pasivas, permitiendo que empresas y familias se financien a costos más razonables. Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Equilibra, coincidió en que existen opciones para acelerar la salida de la mora, aunque requieren mayor intervención estatal.
Impacto para empresas y administradores: la urgencia de una política coordinada
Para los dueños y administradores de empresas argentinas, la situación presenta desafíos inmediatos. El crédito sigue siendo escaso y caro, limitando la capacidad de inversión y operativa de las pymes. La restricción monetaria impide que las iniciativas anunciadas generen un impacto significativo en el acceso al financiamiento.
La paradoja de una política que intenta expandir crédito mientras contrae liquidez genera incertidumbre sobre el horizonte de mediano plazo. Las empresas no exportadoras que podrían acceder a financiamiento en dólares enfrentan límites por la disponibilidad de depósitos en moneda extranjera. Mientras tanto, la morosidad elevada presiona a los bancos a ser más selectivos en el otorgamiento de nuevos préstamos, afectando especialmente a empresas medianas y pequeñas.
La solución requiere una coordinación explícita entre el Ministerio de Economía y el Banco Central: garantizar liquidez suficiente, reducir encajes de manera escalonada, facilitar la renegociación de deudas morosas, y establecer un corredor de tasas que dé previsibilidad al sistema financiero. Sin estas medidas complementarias, el crédito seguirá siendo un cuello de botella para la reactivación económica.







