El crédito al sector privado se convirtió en el motor principal de rentabilidad de los bancos argentinos durante 2025 y 2026, desplazando la dependencia histórica de tasas altas e ingresos por títulos públicos. Según un informe reciente de Moody's, las entidades financieras avanzan hacia una banca más tradicional basada en volumen de intermediación, aunque enfrentan el desafío de mantener márgenes sólidos en un contexto de normalización gradual.
¿Cuánto creció la cartera de créditos en los últimos tres años?
La transformación es notable en los números. Entre 2023 y julio de 2026, la cartera bruta de crédito pasó del 23% al 47% de los activos bancarios, mientras que los títulos públicos redujeron su participación del 49% al 30%. En términos macroeconómicos, el crédito al sector privado alcanzó el 14% del PBI en 2026, duplicando el 7% registrado en 2023. Este crecimiento fue posible gracias a la estabilización macroeconómica que permitió una fuerte expansión de la intermediación financiera durante 2024 y 2025.
Provisiones: el nuevo riesgo para las ganancias bancarias
El crecimiento acelerado del crédito comenzó a mostrar su contracara hacia mediados de 2025. El deterioro de la calidad de los activos, particularmente en carteras minoristas no garantizadas, obligó a los bancos a incrementar significativamente sus provisiones. Las cifras son contundentes: las provisiones para pérdidas crediticias pasaron de un promedio del 3,4% de la cartera bruta entre 2021 y 2024 a casi el 9% en mayo de 2026.
Moody's advierte que estas provisiones elevadas permanecerán en ese nivel durante lo que resta de 2026, a medida que continúe madurando el ciclo de expansión crediticia. Este incremento representa la principal presión sobre las ganancias del sector, desplazando los riesgos que antes generaban las volatilidades macroeconómicas.
Márgenes en compresión: el desafío de crecer en volumen
Los márgenes de intermediación todavía mantienen niveles sólidos. Las tasas de los préstamos personales rondan el 60%, considerablemente superiores a las tasas de depósitos, lo que genera diferenciales aún atractivos. Sin embargo, la calificadora estadounidense prevé una compresión gradual de los márgenes a medida que aumente la competencia por captar clientes y depósitos.
Este escenario obliga a los bancos a replantear su estrategia: la rentabilidad ya no puede depender únicamente de márgenes elevados, sino que debe sustentarse en un mayor volumen de negocios. La baja de la inflación y de las tasas de interés modificó estructuralmente los ingresos del sistema, con los títulos soberanos perdiendo peso y el crédito ganando protagonismo.
Digitalización y eficiencia operativa en el sector
Para adaptarse a este nuevo modelo, los bancos implementaron cambios operacionales significativos. Desde fines de 2023, la cantidad de sucursales y empleados cayó alrededor del 10%, mientras que el volumen de créditos por empleado y por sucursal aumentó considerablemente. La digitalización permitió optimizar la estructura de costos sin sacrificar la capacidad de colocación crediticia.
Fondeo: el cuello de botella para créditos de largo plazo
Un desafío pendiente es el fondeo de largo plazo. Los depósitos representaban el 65% de los activos bancarios a mayo de 2026, pero su predominio de corto plazo dificulta el desarrollo de créditos de mayor plazo, como hipotecas y financiamiento de inversiones. Este desequilibrio en los plazos de captación y colocación seguirá siendo un factor limitante para la expansión crediticia en segmentos de menor rotación.
Impacto para empresas y administradores de negocios argentinos
Para los dueños y administradores de empresas, estos cambios en el sector bancario tienen implicaciones directas. El aumento de la competencia por créditos presionará a la baja los márgenes, lo que podría traducirse en tasas más accesibles para financiamientos empresariales, especialmente en plazos medianos. Sin embargo, el endurecimiento de las provisiones y la mayor exigencia en la evaluación de riesgos significa que los bancos serán más selectivos con sus clientes y requerirán garantías más robustas. Las pymes y empresas medianas deberán mejorar sus indicadores financieros y documentación crediticia para acceder a mejores condiciones. Además, la disponibilidad de créditos de largo plazo seguirá siendo limitada mientras no se resuelva el problema del fondeo bancario, lo que afectará especialmente a proyectos de inversión con horizonte extendido.







