El carry trade, estrategia fundamental en los mercados financieros argentinos durante los últimos meses, enfrenta un punto de inflexión crítico. La normalización de las tasas de interés y el rebote del dólar oficial han generado un cambio de paradigma que obliga a repensar su viabilidad como herramienta de inversión masiva. Lo que fue una apuesta estructural con retornos predecibles comienza a transformarse en una decisión más selectiva y táctica, donde el timing y la gestión del riesgo cambiario resultan determinantes.
Este giro responde a cambios concretos en la política fiscal y monetaria. El Tesoro modificó su estrategia de licitación, lo que derivó en una menor inyección de liquidez en el sistema financiero. Simultáneamente, el Banco Central mantiene un sesgo contractivo que, si bien controla la inflación, comprime la curva de rendimientos y reduce los diferenciales que hacían atractiva la estrategia. El dólar, que había permanecido relativamente estable durante meses, comenzó a recuperarse superando los $1.420, absorbiendo en un solo mes lo que antes tardaba más tiempo en ganarse por tasa.
Para los tomadores de decisiones en el sector financiero, esta transformación implica una reevaluación profunda de carteras y estrategias de inversión. No se trata de que el carry trade desaparezca, sino de que migra de ser un vehículo de inversión pasivo a requerir una gestión activa y sofisticada. Los inversores conservadores deben reconocer que la previsibilidad se ha erosionado significativamente, mientras que los perfiles más dinámicos pueden encontrar oportunidades puntuales si cuentan con capacidad para absorber volatilidad y horizonte de mediano plazo.
RESUMEN MOBU
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• Compresión de tasas y cambio en el carry trade
Los rendimientos cayeron a niveles menores a 2,6% TEM, prácticamente igualados a la inflación actual. Esta compresión de la curva reduce significativamente el atractivo de la estrategia clásica de arbitraje de tasas. -
• Rebote del dólar absorbe ganancias de tasa
El tipo de cambio oficial superó los $1.420, lo que implica que una posición típica de carry trade absorbe un mes completo de rendimiento fijo solo por la apreciación del dólar, eliminando el margen de ganancia esperado. -
• Migración hacia estrategias tácticas y selectivas
Analistas coinciden en que el carry trade deja de ser una apuesta estructural para convertirse en una decisión oportunista de muy corto plazo, requiriendo mayor expertise en timing y gestión de riesgos cambiarios. -
• Diferenciación por perfil de inversor
Mientras que inversores dinámicos con horizonte de mediano plazo aún encuentran oportunidades, los perfiles conservadores enfrentan una pérdida de previsibilidad que exige mayor cautela y posiblemente abandono de la estrategia. -
• Dependencia crítica de dos variables: tasa real y tipo de cambio
El carry trade viable requiere que la tasa real permanezca claramente positiva y que el dólar no corrija más de lo que paga esa tasa. Con ambas variables en transición, el diferencial esperado se achica significativamente. -
• Condiciones para mantener viabilidad en 2026
La estrategia solo mantiene incentivos si el rebote del dólar se mantiene acotado, el Banco Central sostiene su sesgo contractivo, y hay una baja efectiva de la inflación acompañada de estabilidad cambiaria.
El carry trade funcionó durante meses como un mecanismo de transferencia de valor desde el Banco Central hacia inversores financieros. La ecuación era simple: tasas nominales elevadas en pesos (superiores al 30% anual en algunos momentos), un dólar que no se apreciaba significativamente, e inflación que se esperaba controlar. Esto creaba un diferencial atractivo: colocarse en letras o bonos en pesos, capturar la tasa, y luego convertir a dólares con ganancia real medida en dólares. Sin embargo, esta estructura dependía de condiciones que están mutando rápidamente.
Federico Hillar, idóneo que representa a Finanzas con Gabriel, señala que la compresión de la curva de rendimientos es el factor crítico. Cuando todos los activos en pesos rinden por debajo de 2,6% TEM, se produce una inversión de incentivos. La inflación mensual actual está en ese rango, lo que significa que el inversor que compra un bono a esa tasa está obteniendo un rendimiento real negativo o prácticamente nulo. Simultáneamente, la mayor liquidez de pesos en el sistema (consecuencia de la menor demanda de colocaciones del Tesoro) presionó al dólar oficial al alza. Este movimiento es crucial porque "absorbe un mes mínimo de tasa fija", según Hillar. En otras palabras, si el dólar se aprecia un 2,6% en un mes, toda la ganancia de tasa se evapora.
Leonardo Anzalone, director de CEPEC, añade un análisis de dos variables clave: que la tasa real siga siendo "claramente positiva" y que "el tipo de cambio no corrija más de lo que paga esa tasa". Con tasas que tienden a normalizarse y un dólar que dejó de caer de forma sistemática, el diferencial esperado se achica. Esto implica que el carry trade requiere ahora una gestión mucho más sofisticada. No es suficiente comprar un bono y esperar; es necesario monitorear constantemente el riesgo cambiario, ajustar posiciones según cambios en expectativas de inflación, y estar preparado para liquidar rápidamente si las condiciones se deterioran. Para inversores institucionales con desk de trading y sistemas de riesgo avanzados, esto es viable. Para inversores minoristas o conservadores, representa un riesgo que antes no existía.
El contexto de política monetaria del Banco Central añade una capa adicional de complejidad. Si bien el sesgo contractivo es positivo para controlar la inflación, también presiona las tasas a la baja, reduciendo aún más el atractivo del carry. Anzalone advierte que "el mercado está más sensible" y que "cualquier cambio en expectativas de inflación o en la política cambiaria puede desarmar posiciones rápido". Esto significa que el riesgo de contagio es alto: si hay un evento externo (como cambios en política monetaria global), un shock de oferta local, o un cambio en la percepción del riesgo país, las posiciones de carry trade pueden liquidarse masivamente, generando volatilidad cambiaria que amplifica las pérdidas.
A pesar de esto, no todos los analistas ven el final del carry trade. Alejandro Bianchi, fundador de AsesordeInversiones, argumenta que con tasas reales positivas del 16% anual, la estrategia sigue siendo atractiva. Su visión se sustenta en un factor externo crítico: el influjo de dólares por cosecha agrícola. Argentina espera una cosecha de buenas cantidades y mejores precios que en los últimos dos años, lo que significa una inyección de divisas que podría presionar el dólar a la baja en los próximos meses. Si esto ocurre, las posiciones de carry trade se beneficiarían. Sin embargo, esta visión requiere que se cumplan múltiples condiciones: buen clima, precios internacionales sostenidos, y que el Banco Central no intervenga excesivamente en el mercado cambiario.
Escenarios y recomendaciones operativas:
- Escenario base (probabilidad media-alta): Las tasas se normalizan a niveles de 1,8–2,2% TEM, el dólar oficial se estabiliza entre $1.380–$1.450, y el carry trade se convierte en una estrategia selectiva de 30–60 días, requiriendo rebalanceo constante. Esto favorece a inversores con capacidad de trading activo.
- Escenario alcista para el carry: El influjo de dólares agrícolas presiona el dólar a la baja, tasas reales se mantienen positivas, y se abre una ventana de 2–3 meses de carry atractivo. Probabilidad media, requiere convergencia de factores externos.
- Escenario bajista: Inflación repunta, el Banco Central acelera contracciones, el dólar se aprecia por encima de $1.500, y el carry trade se vuelve inviable. En este caso, el desmantelamiento de posiciones sería masivo y desordenado.
La conclusión de Hillar sintetiza bien el nuevo paradigma: "En 2026 el carry trade no desaparece, pero deja de ser una apuesta estructural para convertirse en una decisión selectiva y oportunista". Esto implica que los bancos e instituciones financieras deben ajustar sus modelos de negocio. Ya no pueden asumir que el carry trade generará ingresos predecibles mes a mes. Deben invertir en capacidades de trading, análisis de riesgo cambiario, y sistemas de monitoreo en tiempo real. Para los reguladores (BCRA, CNV), el cambio también es relevante: la reducción de carry trade implica menos demanda de títulos en pesos, lo que podría afectar la capacidad del Tesoro para financiarse. Esto requiere coordinación más estrecha entre política fiscal y monetaria.







