Durante el conflicto entre Estados Unidos e Irán que se extendió desde febrero hasta junio de 2026, con una reactivación en julio, las acciones estadounidenses demostraron ser la inversión más rentable, mientras que los metales preciosos y las criptomonedas experimentaron caídas significativas. Este resultado desafió las expectativas tradicionales sobre qué activos funcionan como refugio seguro en momentos de tensión geopolítica.
¿Por qué el oro no funcionó como refugio en la guerra?
El oro llegó al conflicto en máximos históricos. Durante los ocho meses previos a febrero de 2026, el metal precioso había ganado casi 60%, alcanzando US$ 5.281 el 27 de febrero. Esa apreciación ya reflejaba el creciente riesgo geopolítico anticipado por los mercados.
Cuando Israel y Estados Unidos atacaron Irán el 28 de febrero, matando al Líder Supremo Ali Khamenei, el comportamiento del oro sorprendió. Subió brevemente tras la noticia, pero luego cayó de forma sostenida. Los operadores vendieron después de meses de comprar por especulación sobre el conflicto.
El metal experimentó cuatro trimestres consecutivos de pérdidas. En el segundo trimestre de 2026, bajó aproximadamente 16%, su peor desempeño trimestral desde 2013. Para el 30 de junio, el oro se negoció en US$ 3.942, su nivel más bajo desde principios de noviembre de 2025.
Cuando se firmó el Memorando de Islamabad el 17 de junio, que puso fin oficialmente al conflicto, el oro ya había perdido 17%. Las pérdidas se extendieron hasta 22% a mediados de julio, cuando las hostilidades reabrieron. La plata fue aún más castigada: cayó 37% en el mismo período.
¿Cómo se comportaron las acciones y Bitcoin durante el conflicto?
Las acciones estadounidenses ganaron terreno a pesar de una caída inicial. El S&P 500 bajó casi 8% hasta finales de marzo, pero luego subió hacia nuevos máximos históricos. Para mediados de junio, cotizaba aproximadamente 9% por encima de su nivel previo a la guerra. El Nasdaq mostró un desempeño aún más fuerte, ganando cerca de 14%.
Bitcoin se comportó como un activo de riesgo, no como resguardo defensivo. Alcanzó un máximo intradiario de US$ 82.791 el 10 de mayo, durante una fase de mayor apetito por riesgo, pero terminó el período de guerra con una caída de alrededor de 2%.
El Memorando de Islamabad estabilizó temporalmente los mercados el 17 de junio. Sin embargo, dejó sin resolver el control del Estrecho de Ormuz, vacío que se reabrió en julio cuando Irán atacó petroleros y Estados Unidos reanudó operaciones. Bitcoin cayó hacia los US$ 62.000 el 13 de julio, pero rebotó casi 4% al día siguiente, cerrando en US$ 64.956, apenas 1,4% por debajo de su cotización previa al conflicto.
El rebote de Bitcoin no fue impulsado por noticias de guerra, sino por datos macroeconómicos: la inflación estadounidense en junio bajó 0,4%, la mayor caída desde abril de 2020. Eso redujo expectativas sobre nuevas subidas de tasas de la Reserva Federal y liquidó aproximadamente US$ 292,79 millones en posiciones cortas.
¿Fue el petróleo la única cobertura verdadera durante la guerra?
El petróleo Brent fue el único activo que se comportó exactamente como se esperaba de una cobertura de guerra. Subió con la tensión y bajó con la paz, reflejando de forma casi perfecta los ciclos del conflicto.
El Brent comenzó el conflicto cerca de US$ 72 el 27 de febrero. Cuando los ataques amenazaron el suministro a través del Estrecho de Ormuz (que transporta aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial), el precio se disparó 63% hasta US$ 118 hacia finales de marzo.
Los precios se revirtieron a medida que la guerra se acercaba a su fin. Para el 1 de julio, el Brent había retrocedido a unos US$ 70, borrando todas las ganancias del período de conflicto. El cese del fuego eliminó la amenaza de interrupción de suministros que había impulsado la suba.
El rebrote de julio volvió a elevar los precios. El Brent subió casi 18% en una semana tras los ataques iraníes a petroleros y el restablecimiento del bloqueo estadounidense en el Estrecho de Ormuz, negociándose por encima de US$ 84 para el 15 de julio.
El patrón demuestra que el petróleo funcionó como cobertura táctica durante la escalada, pero no como inversión defensiva de largo plazo. Los operadores que compraron durante la tensión y vendieron en tiempos de paz obtuvieron ganancias. Quienes mantuvieron posiciones durante todo el ciclo no ganaron ni perdieron significativamente, ya que los precios volvieron a niveles iniciales.
Lecciones para empresas y administradores argentinos
El conflicto EEUU-Irán de 2026 desafía la sabiduría convencional sobre coberturas en crisis geopolíticas. Para administradores y dueños de empresas argentinas, esta experiencia ofrece tres aprendizajes clave.
Primero, los activos tradicionales de refugio (oro y plata) no garantizan protección en todos los escenarios de riesgo. Si bien históricamente han funcionado como resguardos, el comportamiento durante este conflicto muestra que pueden perder valor incluso en momentos de tensión extrema, especialmente si ya han anticipado el riesgo antes de que ocurra.
Segundo, las acciones de mercados desarrollados pueden ofrecer mejor rendimiento que los refugios convencionales durante conflictos, siempre que la economía subyacente permanezca resiliente. El S&P 500 ganó 9% mientras el oro caía 17%, una divergencia que las empresas con exposición a dólares o activos en mercados estadounidenses aprovecharon.
Tercero, para empresas con operaciones o exposición a commodities energéticos, el petróleo ofrece cobertura táctica durante crisis específicas. Las compañías con costos denominados en dólares que enfrentan presiones inflacionarias pueden beneficiarse de entender estos ciclos de corto plazo en lugar de depender únicamente de activos defensivos tradicionales.







