El Gobierno enfrenta un desafío creciente para mantener el superávit fiscal en 2026: dos tercios del gasto público están indexados por ley y el tercio restante ya sufrió recortes durante tres años consecutivos.
¿Por qué es cada vez más difícil ajustar el gasto?
Mantener el superávit fiscal mediante reducción de gastos se ha convertido en una tarea cada vez más compleja. Según datos de la consultora Invecq, aproximadamente dos tercios del gasto primario corresponde a partidas indexadas por fórmula legal —jubilaciones, pensiones y asignaciones sociales— sobre las cuales el Ejecutivo no puede intervenir sin modificar la legislación. El 30% restante, compuesto por subsidios, gastos de funcionamiento, transferencias y gasto de capital, ya experimentó recortes significativos durante tres años consecutivos hasta julio de 2026.
El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció públicamente este límite estructural. Señaló que el gasto nacional se ubica en 15 puntos del PBI, nivel equivalente al de los años 90 pero 10 puntos inferior al pico registrado hace ocho años. "Para eso tenés que recaudar más porque seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil", expresó en declaraciones recientes.
La meta de superávit para 2026 y sus desafíos
El Gobierno mantiene su proyección de superávit primario del 1,4% del PBI para 2026, el mismo nivel con el que cerró 2025 y pilar central del programa económico. Sin embargo, alcanzar ese objetivo luce desafiante según analistas. Invecq señaló que "para lograrlo la recuperación de la actividad y la recaudación deberá ser mayor que en la primera mitad del año, o se deberá profundizar el ajuste sobre el gasto".
Esta situación obliga al equipo económico a replantear su estrategia: en lugar de depender exclusivamente del ajuste de gastos, la apuesta se centra en un repunte de la actividad económica que impulse mayores ingresos tributarios.
¿Qué explica el crecimiento de recaudación en julio?
Durante julio de 2026, la recaudación tributaria nacional creció 35,1% en términos nominales, lo que representó un aumento real de apenas 1% al descontar una inflación de 2,1%. Aunque el dato mostró el segundo registro positivo desde julio del año anterior, las consultoras coincidieron en que no reflejó un cambio estructural sino un efecto de calendario fiscal.
El factor determinante fue el corrimiento del vencimiento de la declaración jurada del impuesto a las Ganancias de personas humanas, que se trasladó a julio en 2026 cuando en 2025 había operado en junio. Según Qualy, este tributo avanzó 22,7% real interanual y 56,2% real respecto de junio, impulsado también por mayores anticipos de sociedades registrados ante la ARCA.
Debilidad en tributos ligados a la actividad económica
La mejora de la recaudación no se trasladó de forma uniforme al resto de los tributos, generando preocupación en el equipo económico. Los indicadores muestran una economía aún frágil durante el primer semestre de 2026, con contracción cercana al 0,5% trimestral en el segundo trimestre.
El Impuesto al Valor Agregado (IVA) global retrocedió 1,1% real interanual, aunque su componente interno (IVA-DGI) creció 5,3% real. Invecq atribuyó este crecimiento a la utilización de saldos a favor más que a expansión genuina del consumo. En tanto, el IVA aduanero cayó 15,8% real interanual, reflejando debilidad en el comercio exterior.
Los tributos ligados directamente a la actividad económica continuaron mostrando debilidad: retrocedieron 2,7% real interanual en julio y 2,5% en el acumulado anual. Los créditos y débitos bancarios cayeron 11,2% real interanual, mientras que las contribuciones patronales bajaron 2,6% real interanual, afectadas por las alícuotas reducidas de programas de formalización laboral.
En comercio exterior, los derechos de exportación disminuyeron 23% real interanual por menores alícuotas, mientras que los derechos de importación bajaron 27% real interanual, reflejando menor actividad interna.
El dilema fiscal para empresas y administradores de negocios
Para dueños y administradores de empresas, la situación fiscal plantea un escenario de incertidumbre. Si el Gobierno no logra revertir la debilidad de ingresos tributarios en los próximos meses, enfrentará un dilema: profundizar ajustes sobre gastos ya reducidos o buscar nuevos mecanismos de recaudación que impacten directamente en las empresas.
La dependencia del superávit como ancla del programa económico significa que cualquier desviación presupuestaria podría traducirse en medidas tributarias o administrativas adicionales. Para las pymes y medianas empresas, esto implica monitorear de cerca la evolución de la actividad económica, los ingresos fiscales y las posibles modificaciones en alícuotas o regímenes de promoción laboral que ya están operando con beneficios reducidos. La recuperación económica se vuelve crítica no solo para la sostenibilidad del programa macroeconómico, sino para la viabilidad de nuevos ajustes sin afectar aún más la base tributaria.







