El índice EMBI de JP Morgan, que refleja la sobretasa que paga Argentina por su deuda soberana comparada con emisiones estadounidenses similares, escaló de 403 a 505 puntos básicos en poco más de un mes, marcando un retroceso significativo tras meses de estabilidad. Este repunte señala crecientes dudas sobre la sostenibilidad del programa económico del Gobierno y la capacidad del país para acceder nuevamente a los mercados internacionales de crédito.
¿Por qué el riesgo país volvió a superar los 500 puntos?
El movimiento obedece a una combinación de factores locales e internacionales que los analistas califican como "idiosincrático" —es decir, específicamente argentino—. Desde el 7 de julio de 2026, el EMBI subió 103 puntos, mientras que la deuda emergente global apenas corrigió un 0,6%. En contraste, los bonos argentinos en dólares retrocedieron más del 5% y las acciones cayeron 13% en moneda dura durante el mismo período.
El spread entre el EMBI argentino y el EMBI Latino se amplió a más de 250 puntos básicos —100 puntos más en solo un mes—, confirmando que el deterioro responde principalmente a variables locales y no a una simple corrección global. Los bonos de largo plazo argentinos volvieron a rendir por encima del 10%, reflejando la desconfianza de los inversores sobre la capacidad de repago a mediano y largo plazo.
Incertidumbre política y perspectiva electoral
La política ocupa un lugar central en la percepción de riesgo. Con elecciones en el horizonte, los inversores anticipan una etapa de mayor incertidumbre sobre la gobernabilidad hacia 2027. La imagen del Presidente ha caído, y el mercado penaliza cada punto que el oficialismo podría perder en las urnas, según analistas de mercado consultados.
El mercado incorpora un mayor riesgo de default en horizontes de cuatro y diez años, lo que refleja preocupación sobre la capacidad del Gobierno de sostener la estabilidad política y económica a mediano plazo. Las probabilidades acumuladas de default aumentaron 400 y 510 puntos básicos respectivamente desde comienzos de agosto, concentrando el deterioro en los plazos más largos.
Fundamentos macro: buenos números, confianza insuficiente
Paradójicamente, durante las semanas en que el riesgo país se disparó, la economía mostró indicadores positivos. En julio de 2026 se registró un superávit comercial récord gracias al desempeño de Vaca Muerta, que duplicó sus exportaciones de petróleo crudo. El Gobierno también logró superávit fiscal en julio equivalente al 0,9% del PBI, aunque por debajo de la meta anual del 1,4%. La actividad económica de junio sorprendió al alza con un avance del 0,8%, acumulando un crecimiento del 1,9% en el primer semestre.
Sin embargo, estos logros no bastaron para revertir la desconfianza. Los analistas señalan que "sin la macro no se puede, pero con la macro no alcanza": los buenos números no son suficientes para disipar dudas sobre la solidez y sostenibilidad del crecimiento. La economía muestra señales de recuperación, pero carece de motores claros de expansión en el corto plazo, y la actividad alterna subas y bajas sin consolidar una tendencia firme.
Presiones del segundo semestre y rigidez cambiaria
El panorama se complica hacia adelante. Durante el segundo semestre de 2026 se anticipa menor ingreso de dólares y una actividad económica más débil. El Gobierno enfrenta el desafío de colocar aproximadamente US$ 10.000 millones en deuda antes de las elecciones para cumplir con su programa financiero, pero el costo de emitir se ha encarecido significativamente.
La política oficial de mantener estable el tipo de cambio obliga a endurecer la política monetaria, complicando la recuperación. La economía sigue "aletargada", con casi 6 millones de morosos y salarios e ingresos disponibles que continúan anémicos. Si bien la estabilidad cambiaria ayuda a contener la inflación —como mostraron los datos de precios mayoristas—, mantenerla con tanta rigidez puede generar efectos secundarios cada vez más difíciles de corregir en el futuro.
Qué significa el repunte del riesgo país para las empresas argentinas
El salto de 102 puntos en el EMBI tiene implicaciones directas para los dueños y administradores de empresas. Primero, encarece significativamente el costo de financiamiento en dólares para cualquier firma que necesite acceder a mercados internacionales. Segundo, refleja una menor disposición de inversores globales a asumir riesgo argentino, lo que reduce las posibilidades de captación de capital extranjero.
Para las pymes y empresas medianas que dependen de importaciones o tienen deudas en moneda extranjera, la volatilidad del mercado de cambios y la rigidez cambiaria generan incertidumbre sobre márgenes y flujos de caja. Las firmas exportadoras enfrentan un escenario mixto: mientras que sectores como energía y agroindustria se benefician de precios internacionales, la falta de claridad política y macroeconómica desalienta nuevas inversiones y expansiones. En este contexto, la gestión del riesgo de crédito y la planificación financiera a mediano plazo se vuelven críticas para la supervivencia empresarial.







