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Rapetti: el programa desinflacionario está agotado y la economía en depresión
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Rapetti: el programa desinflacionario está agotado y la economía en depresión

El economista Martín Rapetti analiza el estado actual de la estabilización macroeconómica iniciada en diciembre de 2023 . Según su evaluación, el programa desinflacionario perdió efectividad hace…

El economista Martín Rapetti analiza el estado actual de la estabilización macroeconómica iniciada en diciembre de 2023. Según su evaluación, el programa desinflacionario perdió efectividad hace más de un año y la economía atraviesa una fase de depresión generalizada fuera de los sectores extractivos.

¿Cuándo terminó el programa de estabilización?

El programa desinflacionario concluyó a principios de 2025, cuando se implementó el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y comenzó la flotación cambiaria, señala Rapetti. Durante los primeros meses de gestión, entre diciembre de 2023 y principios de 2025, la estrategia funcionó: una devaluación inicial, un tipo de cambio que se movía al 2% mensual, apertura económica y ajuste fiscal permitieron que la inflación bajara desde ritmos muy elevados a una dinámica mensual del 2%.

Sin embargo, una vez alcanzado ese nivel de estabilización, los mecanismos de coordinación de precios se agotaron. El dólar dejó de actuar como ancla inflacionaria porque pasó de ajustarse de forma predecible a un régimen de flotación, mientras que las tarifas comenzaron a subir por encima de la inflación general. Desde entonces, la inflación se mantiene estancada sin herramientas claras para bajarla.

¿Qué sectores están en recesión?

Excluidos minería, energía y agricultura, construcción, comercio e industria registran caídas o estancamiento, detalla el economista. La inversión ha caído durante cinco trimestres consecutivos desde principios de 2025, y el empleo agregado cambió significativamente su composición: se destruyó empleo privado formal y se trasladó hacia autoempleo en servicios informales, lo que representa un deterioro real de la calidad laboral.

Aunque el PBI muestra crecimiento nominal, este es impulsado casi exclusivamente por minería, energía, agro y algunos servicios no transables. El grueso de la economía real, aquella que genera empleo masivo y dinamiza la demanda interna, permanece deprimida. Por eso Rapetti prefiere hablar de depresión antes que de estanflación: no es solo inflación con estancamiento, sino una economía que cayó y no levanta.

¿Cuál debería ser la prioridad ahora?

La prioridad del Gobierno debe desplazarse del control inflacionario al empleo, sostiene Rapetti. Aunque muchas personas conservan sus puestos, quienes perdieron empleos formales migraron a trabajos de baja calificación e ingresos reducidos. Los ingresos reales cayeron, las personas no alcanzan a fin de mes y enfrentan dificultades para pagar deudas con bancos, tarjetas de crédito y fintech.

Para revertir la depresión, Rapetti sugiere medidas que hoy no están en la agenda oficial: mayor laxitud monetaria (aunque con riesgos sobre el dólar), acumulación de reservas del Banco Central, permitir que el tipo de cambio se aprecie menos o suba moderadamente para favorecer sectores transables como industria, servicios y turismo, y política de comercio exterior más restrictiva contra subfacturación, contrabando y dumping.

¿Qué se necesita para bajar la inflación más?

Si el Gobierno insiste en reducir la inflación desde el actual 2% mensual, solo hay dos caminos: más recesión o más atraso cambiario. Rapetti advierte que cuando la inflación es muy alta, todos los agentes cambian precios simultáneamente, facilitando coordinación. Pero con inflación del 2% mensual, los ajustes se superponen: unos fijan precios este mes, otros el siguiente, otros más adelante. Esa desincronización impide avances rápidos.

Para una desinflación gradual se requiere que el Banco Central establezca metas explícitas, comunique el sendero esperado y coordine acuerdos salariales con esa trayectoria. Rapetti no ve que el Gobierno esté haciendo eso, por lo que cualquier baja inflacionaria dependerá del azar o de profundizar la recesión.

¿Puede la Argentina vivir solo de minería y energía?

No, según Rapetti. Aunque Argentina aumentará significativamente sus exportaciones de energía y minería en los próximos años, la narrativa oficial sobreestima el impacto. Actualmente, Argentina exporta alrededor de 2.200 dólares per cápita en bienes y servicios; de esos, 500 dólares corresponden a energía y minería.

Si en cinco años se logran los 60.000 millones de dólares proyectados en esos sectores, las exportaciones per cápita subirían a aproximadamente 1.200 dólares. Esa cifra sigue siendo baja comparada con países especializados: Chile exporta entre 3.500 y 4.000 dólares per cápita en cobre; Canadá alrededor de 6.000 en minería y energía; Australia 9.000, y Noruega 15.000. Argentina no se convertirá en un emirato por minería y energía; esos sectores ayudarán, pero no resolverán la economía.

Impacto para empresas y administradores de negocios

Para los dueños y administradores de empresas, el análisis de Rapetti plantea desafíos inmediatos. La depresión económica comprime márgenes, reduce demanda interna y limita el acceso a crédito accesible. La falta de reactivación fiscal y el costo del dinero elevado restringen opciones de inversión. Simultáneamente, la apreciación cambiaria penaliza a empresas exportadoras y a las que compiten con importaciones, mientras que la incertidumbre sobre el tipo de cambio futuro complica la planificación estratégica.

Las pymes industriales, comerciales y de servicios enfrentan un horizonte sin herramientas claras de estímulo. El superávit fiscal inquebrantable, aunque necesario para la estabilidad, deja sin margen para políticas de reactivación. Empresas con exposición en dólares tienen mayor flexibilidad, pero la mayoría opera en pesos en un contexto de ingresos cayendo y costos presionados. La recomendación implícita: cuidar flujo de caja, reducir apalancamiento y esperar señales de cambio de rumbo en política cambiaria o monetaria.

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