Durante julio de 2026, la morosidad en Argentina alcanzó un nivel crítico: casi 882.173 personas tenían deudas que fueron transferidas desde bancos y billeteras digitales hacia empresas especializadas en recuperación de créditos. Este universo de deudores en manos de casas de cobranza refleja el deterioro sostenido de la capacidad de pago que se intensificó desde mediados de 2025.
¿Cómo funcionan las empresas de cobranza?
Las casas de cobranza adquieren deudas difíciles de recuperar directamente de instituciones financieras y otras compañías a un precio muy inferior al valor original. Su modelo de negocio consiste en recuperar esos créditos directamente de los deudores y obtener rentabilidad a partir de la diferencia entre lo que pagaron por la deuda y lo que efectivamente logran cobrar. Según datos del Instituto Argentina Grande (IAG) en base al Banco Central de la República Argentina (BCRA), 11 entidades acreedoras —entre estudios de cobranza, fondos de inversión y fideicomisos— concentran este tipo de cartera.
Estas entidades representan el 9,6% de las líneas de crédito morosas del sistema, aunque explican apenas el 3,6% del monto total en mora. Alcanzan al 15% del total de deudores morosos, muchos de los cuales mantienen además compromisos pendientes con otras instituciones.
Prácticas de cobranza y denuncias por acoso
El IAG advirtió que estas agencias suelen apelar a la presión y al hostigamiento —prácticas penadas por ley— para forzar el cobro y rentabilizar sus operaciones. En la provincia de Buenos Aires, durante el primer semestre de 2026, se registraron 2.240 denuncias en seis meses contra varias billeteras virtuales por acoso, falta de información clara sobre créditos y ausencia de mecanismos de desistimiento. Estas investigaciones reflejan la tensión creciente entre las estrategias agresivas de recupero y los derechos de los deudores.
La escalada de atrasos graves durante 2025-2026
El panorama de morosidad se agravó significativamente en el último año. Según el IAG, durante ese período la cantidad de deudores sin atrasos se redujo en 887.010 personas, mientras que cayó también el número de quienes registraban atrasos de hasta seis meses. En cambio, los deudores con atrasos entre seis meses y un año aumentaron en 536.899, y los que acumulan más de un año de atraso crecieron en 1.298.950.
En términos porcentuales, el grupo con más de un año de atraso creció un 60% interanual, mientras que el segmento con deudas entre seis meses y un año avanzó un 63%. Como resultado, el universo de personas con al menos una deuda en las situaciones más graves de mora —categorías tres, cuatro o cinco— sumó 1,7 millones de deudores adicionales.
¿Cuál es el perfil de los deudores morosos?
La morosidad presenta diferencias importantes según la edad. En julio de 2026, el 38,1% de los deudores de entre 15 y 29 años tenía al menos una deuda en mora, frente al 31,73% entre quienes tienen entre 30 y 44 años y al 23,05% en el grupo de 45 a 59 años. La proporción desciende al 16,77% entre personas de 60 a 74 años y al 14,47% entre mayores de 75 años.
Sin embargo, durante el último año la cantidad de deudores morosos aumentó en todos los grupos etarios. Los jóvenes de 15 a 29 años experimentaron un crecimiento de 46,9%; el segmento de 30 a 44 años, 43,1%; entre 45 y 59 años, 46,9%; y entre 60 y 74 años, 44%. Incluso entre mayores de 75 años se registró un incremento de 28,9%.
Montos adeudados y situación de los deudores irrecuperables
El IAG destacó que la mitad de los deudores considerados "irrecuperables" adeuda $77.900 o menos al sumar todas sus obligaciones. El monto mediano adeudado varía según la situación de pago: para quienes no presentan atrasos es de $128.000, mientras que asciende a $220.700 entre quienes tienen entre uno y tres meses de mora y a $203.000 entre los que acumulan entre tres y seis meses.
Para deudores con seis meses a un año de atraso, la mediana alcanza $193.500, pero cae a $77.900 entre quienes llevan más de un año de atraso. Aunque se trata de montos bajos, la deuda mediana de los deudores en situación 5 (más grave) creció un 80% en términos reales durante el último año, mientras que la correspondiente a deudores en situación 4 aumentó un 35%. En el resto de las categorías, la mediana adeudada cayó en términos reales.
Impacto en empresas y administradores de negocios argentinos
Para los administradores y dueños de empresas argentinas, la escalada de morosidad representa un desafío operativo y financiero crítico. El aumento exponencial de deudores irrecuperables —especialmente entre los más jóvenes— afecta directamente la cobrabilidad de créditos comerciales y limita la capacidad de rotación de capital de trabajo. La transferencia masiva de deudas a casas de cobranza también genera riesgos reputacionales: las prácticas agresivas de estas entidades pueden contaminar la relación entre proveedores y clientes.
Además, la concentración de deudas en montos muy bajos pero en volúmenes cada vez mayores sugiere que la fragmentación del crédito minorista continúa. Para las pymes que dependen del financiamiento bancario o de billeteras virtuales, este panorama implica condiciones más restrictivas, tasas más altas y menores plazos. Es fundamental que los empresarios argentinos ajusten sus políticas de crédito y cobranza, diversifiquen sus fuentes de financiamiento y evalúen con precisión el riesgo de insolvencia de sus clientes en un contexto donde la morosidad sigue en expansión.







