La mora entre trabajadores con empleo registrado alcanza niveles históricos en agosto de 2026, transformando el crédito de herramienta de inversión en mecanismo de subsistencia diaria. Incluso quienes cuentan con trabajo formal recurren sistemáticamente al endeudamiento para cubrir necesidades básicas, según múltiples relevamientos que coinciden en señalar un deterioro sostenido de la capacidad de pago en los últimos dos años.
¿Cuál es la realidad del endeudamiento entre trabajadores formales?
El fenómeno desafía el supuesto tradicional de que la informalidad laboral es la única puerta al sobreendeudamiento. Según la encuesta nacional de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), el 92% de los encuestados tiene empleo registrado, pero el 87% arrastra deudas vigentes. Esta paradoja central revela que la estabilidad laboral dejó de ser protección contra el endeudamiento.
Las razones del endeudamiento exponen la gravedad de la situación. El 60% se endeuda para comprar alimentos, el 28% para medicamentos y el 16% para afrontar el alquiler. No se trata de consumo discrecional, sino de necesidades vitales. Ante esta realidad, más de la mitad de los trabajadores implementó estrategias de supervivencia: el 55% combina distintas fuentes de ingreso y el 57% amplió sus horas laborales en el último período.
El círculo vicioso se profundiza cuando quienes ya tienen deudas recurren a nuevo crédito para resolverlas. El 63% toma créditos para pagar tarjetas y el 45% para cancelar obligaciones previas, retroalimentando el endeudamiento en lugar de solucionarlo.
Tasas de mora: dónde está el mayor riesgo
Según el Mapa de la Deuda elaborado por el Centro de Estudios de la Ciudad (CEC) junto a la Fundación Ebert, la tasa de mora general trepó al 16,82% en mayo de 2026, conforme datos de la Central de Deudores del Banco Central. Sin embargo, este promedio nacional oculta disparidades críticas según el tipo de acreedor.
El sistema financiero tradicional mantiene menores niveles de incumplimiento, pero los proveedores no financieros de crédito (PNFC) atraviesan una situación crítica. La mora entre PNFC alcanza el 42,59%, muy superior a tarjetas no bancarias (32,23%) y neobancos (22,85%). Los bancos privados se ubican en 17,97%, apenas por encima del promedio. Este deterioro se concentra fuera del sistema bancario tradicional, en canales con menor regulación y mayor costo financiero.
La morosidad juvenil: el segmento más vulnerable
Los menores de 35 años enfrentan la situación más crítica. La morosidad juvenil supera el 25% y llega en algunos casos al 45%, mientras que casi el 90% de los jóvenes en mora tiene la totalidad de su deuda impaga. Este grupo enfrenta informalidad laboral generalizada, que los empuja hacia neobancos y plataformas digitales con costos financieros que, tras la desregulación de tasas de 2024, llegaron a superar en 100 puntos porcentuales los del sistema tradicional.
La aceleración de la mora en dieciocho meses
El Monitor mensual de crédito a las familias de la Universidad Austral y la consultora EcoGo dimensiona la velocidad del deterioro. La mora total se multiplicó por 4,9 en apenas dieciocho meses: pasó del 3,6% en diciembre de 2024 al 12,6% en diciembre de 2025 y al 17,5% en junio de 2026, acumulando 20 meses consecutivos de deterioro.
De los 20,4 millones de personas con algún tipo de financiamiento, 5,3 millones —el 26,1%— ya registran atrasos superiores a los noventa días. El informe advierte que el problema no se explica solo por endeudamiento excesivo: dos de cada tres nuevos morosos dejaron de pagar sin deber más que antes, indicando una pérdida real de capacidad de pago más que un exceso de toma de crédito.
El impacto directo en los ingresos es contundente: las cuotas con entidades financieras ya consumen el 24% de la masa salarial y, sumados los gastos fijos, una familia promedio compromete casi el 50% de sus ingresos.
Impacto para empresas y administradores de negocios argentinos
Este fenómeno de mora récord entre trabajadores formales genera consecuencias directas para las empresas argentinas. La contracción de la capacidad de consumo de los empleados reduce la demanda agregada, afectando a sectores como retail, servicios y comercio. Los administradores de empresas enfrentan presión adicional: empleados con mayor nivel de estrés financiero, rotación laboral acelerada por búsqueda de ingresos complementarios, y menor productividad asociada a problemas económicos familiares.
Para las pymes proveedoras de bienes y servicios, la mora generalizada impacta directamente en la cobranza. Si casi el 90% de los jóvenes morosos tiene deuda impaga total y más de la mitad de los trabajadores formales recurre al crédito para alimentarse, la capacidad de pago a proveedores se ve comprometida. Los administradores deben anticipar ciclos de cobranza más largos y mayor riesgo de incobrables. Además, la desaceleración del consumo derivada de esta crisis crediticia representa un desafío estructural para la planificación financiera empresarial en 2026 y más allá.







