El INDEC publicará este jueves 14 de agosto a las 16 horas el Índice de Precios al Consumidor de julio de 2026. El dato es determinante para confirmar si la desaceleración inflacionaria logra sostenerse por debajo del 2%, barrera que se perforó por primera vez en diez meses durante junio. El consenso de mercado anticipa una inflación entre 1,9% y 2,2%, aunque la reciente aceleración registrada en la Ciudad de Buenos Aires genera cierta incertidumbre sobre el resultado nacional.
¿Cuál fue la inflación de junio y qué contexto deja?
Durante junio de 2026, la inflación nacional alcanzó 1,9%, marcando el primer mes en diez meses por debajo del 2%. En el acumulado del primer semestre del año, los precios subieron 16,8%, mientras que la variación interanual se situó en 33,5%. La desaceleración de junio estuvo impulsada principalmente por Alimentos y bebidas no alcohólicas, rubro que apenas creció 1,3% —su menor variación mensual desde junio de 2025—. Simultáneamente, la inflación núcleo bajó desde 1,9% a 1,6%, señal de una moderación más generalizada en la estructura de precios.
¿Qué expectativas tiene el mercado para julio?
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central mantiene una estimación de 2,0% para julio, apenas por encima del registro de junio. El denominado Top 10 —grupo de consultoras con mayor precisión histórica— proyecta un resultado más optimista: 1,9%, en línea exacta con el mes anterior. Respecto a la inflación núcleo, el REM espera 1,8%, lo que significaría una aceleración frente al 1,6% de junio pero mantendría este componente por debajo del 2% por segundo mes consecutivo.
Para el cierre de 2026, los analistas proyectan una inflación anual de 29,8%, por debajo del 30%, reflejando la continuidad del proceso de desinflación durante el segundo semestre. El ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó en la Bolsa de Comercio de Córdoba una inflación de julio en el rango de 1,9% a 2,3%, reafirmando la estrategia oficial de convergencia hacia niveles de inflación internacional.
¿Por qué el dato de CABA no determina necesariamente el IPC nacional?
La Ciudad de Buenos Aires reportó una inflación de 2,9% en julio, aceleración significativa desde el 1,8% de junio. Sin embargo, los analistas advierten que este resultado no debería proyectarse mecánicamente al índice nacional debido a diferencias estructurales en la composición y ponderación de ambas canastas. En CABA, los servicios aumentaron 3,8% mientras que los bienes subieron 1,4%, explicando buena parte de la aceleración porteña.
El componente estacional fue particularmente volátil: creció 10,9%, impulsado por las vacaciones de invierno. Hoteles aumentó 29,1%, paquetes turísticos 26% y pasajes aéreos 21,7%. Estos rubros tienen mayor ponderación en el IPC porteño que en el nacional. Según análisis de la consultora PXQ, si se replicaran las variaciones porteñas en alojamiento, paquetes turísticos y transporte aéreo a nivel nacional, las distintas ponderaciones harían que el IPC nacional resultara aproximadamente 0,9 puntos porcentuales menor, lo que permitiría que la inflación nacional se mantenga cercana al 2% pese al 2,9% porteño.
¿Qué rol juega la inflación de alimentos en julio?
Alimentos y bebidas no alcohólicas representa casi el 30% de la canasta del INDEC, posicionándose como la variable más crítica para el resultado de julio. En junio, este rubro fue determinante para perforar el 2%, al crecer apenas 1,3%. En la Ciudad de Buenos Aires, durante julio los alimentos aumentaron 1,9%, con presión de Verduras, tubérculos y legumbres que avanzaron 9%.
El análisis de sensibilidad de PXQ evidencia la importancia de este componente: si los alimentos registraran una variación nacional cercana a 1,3%, el IPC podría ubicarse entre 1,8% y 2,1%. Pero con un aumento en torno a 1,6%, el índice podría dirigirse hacia 2,3%. De esta manera, el comportamiento de los alimentos en julio puede ser determinante para definir si la inflación queda por encima o por debajo del 2%.
Qué significa el dato de inflación de julio para empresas y administradores
Para los dueños y administradores de empresas argentinas, el resultado de inflación de julio será clave en múltiples frentes. Si la desinflación se consolida por debajo del 2%, reforzará las expectativas de estabilidad de precios y facilitará la planificación financiera a mediano plazo. Una inflación superior al 2%, en cambio, podría señalar presiones inflacionarias residuales que compliquen la proyección de costos operativos, márgenes comerciales y estrategias de fijación de precios.
Particularmente para sectores vinculados al comercio mayorista y minorista, la evolución de alimentos —que pesa casi 30% en la canasta— determinará márgenes de rentabilidad. Las empresas de servicios, transporte y turismo deberán monitorear si la presión estacional observada en CABA se generaliza nacionalmente, impactando sus estructuras de costos. Además, un dato de inflación que consolide la tendencia desinflacionaria podría influir en las decisiones de política monetaria del Banco Central, afectando tasas de interés y acceso al crédito para inversiones y capital de trabajo.







