El equipo económico argentino busca tranquilizar a empresarios y administradores sobre la desaceleración de la actividad económica que se observa durante 2026. Tras la reducción de previsiones de crecimiento anunciada por JP Morgan y los cuestionamientos sobre el desempeño del PBI, funcionarios del Ministerio de Economía defienden la estrategia actual apelando a precedentes internacionales y a factores externos que consideran decisivos en el contexto actual.
¿Por qué el Gobierno compara a Argentina con Chile y Australia?
Los funcionarios del equipo económico sostienen que un modelo de crecimiento basado en exportaciones ha demostrado funcionar en el largo plazo en varias economías desarrolladas y emergentes. Según explican desde el Palacio de Hacienda, casos como Chile —con la minería del cobre como motor— y Australia —potenciando también la minería— lograron elevar el nivel de PBI per cápita y desarrollar mercados domésticos robustos. En otra escala, mencionan a Taiwán, Vietnam, Corea del Sur y Perú en Latinoamérica como ejemplos de transiciones exitosas, aunque a ritmos variables.
La defensa oficial enfatiza que en ninguno de esos casos el modelo terminó en fracaso, pese a los tiempos de transición. Los voceros reconocen que el "derrame" de actividades exportadoras tiende a concentrarse en industrias vinculadas a la ventaja competitiva específica —como fertilizantes ligados al gas o industria del vidrio— antes que en sectores desconectados como la metalmecánica.
Shocks externos: el factor que el Gobierno cree subestimado
Más allá del debate sobre el modelo exportador, funcionarios del equipo económico argumentan que los shocks externos de 2026 no han recibido suficiente atención pública. Hacen una comparación histórica: durante la administración de Alberto Fernández, el país enfrentó tres shocks significativos —la pandemia de COVID-19, la guerra en Ucrania y la sequía— pero solo el primero fue incorporado masivamente en la percepción ciudadana.
Actualmente, el conflicto en Medio Oriente prolongado y las subidas de tasas en Estados Unidos generan presiones que, según estos análisis, no se visibilizan adecuadamente. Si bien reconocen que el petróleo por encima de US$100 y la soja cercana a US$500 favorecen la balanza comercial, advierten sobre un efecto contraproducente: el aumento de costos genera presiones inflacionarias y recesivas simultáneamente, además de potenciar la aversión al riesgo global que afecta especialmente a mercados emergentes como el argentino.
Riesgo país y salida de capitales: perspectiva oficial
Con el riesgo país próximo a los 650 puntos básicos y una volatilidad marcada en los activos argentinos durante 2026, el Gobierno busca relativizar el impacto real de estas tensiones. Los técnicos del Ministerio de Economía y el Banco Central destacan una diferencia estructural respecto de 2018: no existe déficit fiscal, lo que reduce la vulnerabilidad a corridas de capitales que caracterizaron aquella crisis.
En 2018, bajo la administración de Mauricio Macri, el cierre del mercado de bonos internacionales fue determinante porque el gobierno necesitaba financiar el desequilibrio fiscal. Hoy, según voceros oficiales, la situación es distinta: el Gobierno no se está refinanciando en mercados internacionales, por lo que caídas de precios de activos generan "mala percepción pero menor impacto real", aunque reconocen que sí afectan decisiones de inversión.
¿Cómo explican la salida de activos argentinos?
Desde el equipo económico identifican dos razones principales para la volatilidad de 2026. Primero, una razón técnica: la base de inversores en bonos argentinos no creció desde 2019, pero la exposición se triplicó por efecto precio desde 2020, lo que dificulta encontrar compradores para volúmenes significativos sin presionar los precios a la baja. Segundo, una razón de ciclo electoral: el mercado asocia ingreso disponible con resultados electorales y reduce su exposición ante potenciales shocks políticos.
Impacto para empresas y administradores argentinos
Para los dueños y administradores de empresas, estas explicaciones del Gobierno tienen implicaciones directas sobre decisiones de inversión y financiamiento durante 2026. Si la estrategia oficial de crecimiento por exportaciones se mantiene, las empresas con capacidad exportadora —especialmente en sectores vinculados a commodities y agroindustria— podrían encontrar oportunidades en el corto plazo. Sin embargo, la volatilidad financiera y el acceso limitado a crédito doméstico generan incertidumbre para inversiones en sectores no exportadores. La ausencia de déficit fiscal es positiva para la estabilidad macroeconómica, pero la aversión al riesgo global y los costos elevados de insumos internacionales presionan márgenes operativos. Monitorear el riesgo país y las tasas internacionales sigue siendo crítico para planificar operaciones y financiamiento en este contexto.







