El conflicto bélico en Medio Oriente durante el primer semestre de 2026 generó un impacto directo sobre los precios internacionales de fertilizantes, dejando un sobrecoste teórico de USD 180 millones para los importadores argentinos, según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
¿Cómo afectó el cierre del Estrecho de Ormuz a los precios?
El cierre del Estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructura energética en la región provocaron una escalada de costos que se trasladó directamente al mercado de nitrogenados. Por ese paso marítimo circulaba aproximadamente un quinto del comercio mundial de gas natural y la cuarta parte del comercio global de urea antes del conflicto. Dado que la producción de urea requiere un uso intensivo de gas natural licuado (GNL), el encarecimiento de este insumo elevó significativamente el precio del producto final.
A la crisis energética se sumaron decisiones de política comercial de los principales productores. India, mayor importador de urea a nivel mundial, frenó momentáneamente su producción por escasez de gas, mientras que China restringió sus exportaciones para priorizar el abastecimiento interno. Esta combinación generó un fuerte estrangulamiento de la oferta global de nitrogenados, con la urea registrando un salto de precio superior al 100% respecto de enero de 2026.
Fosfatados: tensiones previas que se profundizaron
El complejo fosfatado atravesó una dinámica distinta, con raíces que se remontan a fines de 2025. La escasez de azufre —insumo crítico para la producción de roca fosfórica— fue un factor central, ya que cerca de la mitad del comercio mundial de azufre se concentra en la región afectada por la guerra. La suspensión de la producción de amoníaco en Irán y de amoníaco y azufre en Qatar tras los ataques a instalaciones petroleras amplificó la presión. El precio del azufre llegó a duplicarse respecto de enero, contribuyendo a encarecer los fosfatados: el superfosfato triple (TSP) acumuló una suba del 39% y el DAP, del 27%.
Sin embargo, la BCR advierte que esos niveles de precios no pueden explicarse únicamente por la coyuntura bélica. Ya desde fines de 2025 el mercado fosfatado operaba bajo tensión por una oferta de azufre cada vez más ajustada, competencia creciente de la minería por ácido sulfúrico y restricciones chinas a las exportaciones de fosfato monoamónico y diamónico. El conflicto de Ormuz profundizó ese desequilibrio preexistente.
Caída de importaciones: los peores registros en años
El impacto sobre las compras externas de fertilizantes fue contundente. Durante el primer semestre de 2026, la importación de nitrogenados para junio fue la más baja desde 2015, un 60% inferior al promedio del último lustro. En fosfatados, el tonelaje importado fue el más bajo desde 2018, 34% por debajo del promedio de los últimos cinco años.
En volúmenes concretos, entre enero y junio de 2026 ingresaron al país:
- 437.000 toneladas de nitrogenados
- 767.000 toneladas de fosfatados
- 39.000 toneladas de potásicos
Estos guarismos significan que el primer semestre de 2026 tuvo su segundo peor año en materia de importaciones desde 2019. La urea fue el producto que más resignó volumen, en línea con haber experimentado el mayor salto de precio en el período.
Paradoja de valores: precios altos, volúmenes bajos
A pesar de la caída de tonelajes, medido en valor el semestre no fue bajo. El primer semestre de 2026 marcó el segundo registro más alto de la historia con USD 1.762 millones, una cifra explicada casi enteramente por precios de importación más altos y no por mayores volúmenes. Esta dinámica contrasta con 2023, cuando el mínimo histórico respondió a un factor distinto: la sequía que atravesó el país y que derivó en una fuerte merma tanto del consumo como de las compras externas.
Producción local insuficiente y apuesta al RIGI
Argentina produce entre 1,4 y 1,9 millones de toneladas de fertilizantes según el año, frente a un consumo total cercano a las 5 millones de toneladas. La producción local explica apenas entre el 30% y el 35% del total, un desbalance estructural agravado por la presión impositiva actual que genera subconsumo para reponer nutrientes extraídos del suelo.
En este contexto se aprobó un nuevo proyecto de inversión bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) para construir una planta de urea en Bahía Blanca, aprovechando la disponibilidad de gas de Vaca Muerta. Con una inversión de USD 2.700 millones, será la mayor planta de urea de Latinoamérica y una de las más grandes del mundo, con una expectativa de producción anual de 2,1 millones de toneladas. Este volumen podría permitir al país dejar de ser importador neto de urea y abrir la puerta a exportaciones hacia mercados como Brasil.
Impacto para empresas agroindustriales y administradores en 2026/27
Para los dueños y administradores de empresas agrícolas, el sobrecoste de USD 180 millones en el primer semestre de 2026 se traduce en márgenes de rentabilidad más ajustados en la campaña actual. Argentina compra afuera en promedio el 50% de su consumo de nitrogenados y el 80% del de fosfatados en años de operatoria normal, por lo que la evolución del conflicto en Medio Oriente es determinante para la rentabilidad de la campaña 2026/27.
La ventana crítica se abre en el segundo semestre de 2026, cuando se concentra en promedio tres cuartas partes de las importaciones anuales de nitrogenados, en la antesala de la siembra de granos gruesos. Los administradores deben monitorear tanto la resolución del conflicto en Ormuz como el avance de la planta de urea en Bahía Blanca, que podría reducir la dependencia de importaciones y mejorar la competitividad de costos en campañas futuras. Mientras tanto, la presión sobre márgenes seguirá siendo un factor clave en la planificación financiera de operaciones agroindustriales.







