El economista Fausto Spotorno desplazó el debate sobre la necesidad de devaluar hacia la liberalización del mercado de cambios, argumentando que el Gobierno debe priorizar la estabilidad de precios antes de flexibilizar las restricciones cambiarias.
¿Hay que devaluar la moneda argentina?
En las últimas semanas, la discusión sobre el tipo de cambio volvió a ocupar un lugar central en la agenda económica tras las declaraciones del economista Ricardo Arriazu. Spotorno reconoció que un dólar más alto facilitaría la competitividad de sectores rezagados, particularmente la construcción, que continúa recuperándose lentamente tras tocar su piso hace meses. Sin embargo, planteó una postura equilibrada: aunque una devaluación podría beneficiar a actividades en dificultades, sus costos macroeconómicos son significativos.
Según el economista, devaluar genera efectos adversos inmediatos: sube la inflación, aumentan las tasas de interés y crece la morosidad bancaria. Por eso, consideró que el foco debería trasladarse hacia cómo liberalizar el mercado de cambios sin comprometer la desaceleración inflacionaria que la administración Milei logró como uno de sus principales resultados.
Normalización económica: ¿cuál es la etapa actual?
Spotorno evaluó que la fase más compleja de la crisis macroeconómica ya quedó atrás. No obstante, aclaró que la recuperación no es homogénea: mientras algunos sectores normalizaron su desempeño, otros continúan en proceso de adaptación. La construcción es el ejemplo más visible: dejó de caer, pero avanza con lentitud hacia los niveles previos a la crisis.
Esta heterogeneidad en la recuperación explica por qué algunos economistas insisten en la necesidad de un ajuste cambiario. Sin embargo, Spotorno argumentó que la solución no pasa por devaluar, sino por completar la normalización del mercado de cambios de manera gradual.
Inflación: la condición para flexibilizar el cepo
El economista vinculó directamente la posibilidad de avanzar hacia una mayor apertura cambiaria con la evolución de los precios. Con inflaciones más bajas, el riesgo de una flexibilización cambiaria se reduce considerablemente, permitiendo que el Gobierno actúe con mayor seguridad.
Respecto a los datos de julio de 2026, Spotorno relativizó el impacto del índice publicado por la Ciudad de Buenos Aires. Según sus estimaciones privadas desde OJF & Asociados, la inflación mensual se ubicó en 1,8%, con proyecciones que no superarían el 2,1%. Esta trayectoria más moderada respaldaría la estrategia de esperar antes de profundizar la flexibilización de restricciones cambiarias.
Morosidad bancaria: ¿hay riesgo sistémico?
Durante la alta inflación, las deudas se licuaban rápidamente, reduciendo artificialmente la morosidad. Con precios más estables y tasas de interés elevadas, esa dinámica se invirtió, generando un aumento en los incumplimientos. Spotorno explicó que este fenómeno es grave para los consumidores, pero no representa un riesgo sistémico para las entidades financieras.
El economista descartó la necesidad de implementar medidas extraordinarias de asistencia. Los bancos mantienen solidez patrimonial y disponen de herramientas suficientes para administrar la situación sin que sea necesaria una intervención del Estado.
Impacto para empresas y administradores: qué significa el debate sobre devaluación
Para los dueños y administradores de empresas argentinas, el posicionamiento de Spotorno tiene implicaciones directas. Un escenario de devaluación ofrecería ventajas competitivas a corto plazo para sectores exportadores y con competencia importada, pero generaría presiones inflacionarias que erosionarían esos beneficios. Además, una devaluación aumentaría los costos de financiamiento para las empresas, tanto por la suba de tasas como por el deterioro de la capacidad de pago de los clientes.
La propuesta alternativa de Spotorno—liberar gradualmente el mercado de cambios en línea con la desaceleración inflacionaria—ofrece a las empresas mayor previsibilidad y menores riesgos de volatilidad. Para las pymes que dependen del acceso al dólar para importaciones o financiamiento en moneda extranjera, una apertura cambiaria ordenada es más beneficiosa que un ajuste abrupto. Esto explica por qué el timing de la flexibilización cambiaria es crucial: debe coincidir con inflación controlada para evitar que se disparen los costos de capital.







