Las familias argentinas enfrentan una presión financiera sin precedentes: destinan alrededor del 30% de sus ingresos mensuales al pago de cuotas de créditos contraídos en los últimos dos años, un nivel récord que amenaza la estrategia de recuperación económica del Gobierno basada en la expansión del crédito al consumo.
¿Por qué las familias gastan más en pagar deudas?
El fenómeno responde a un cambio radical en el contexto macroeconómico. Durante años de inflación elevada, las deudas se licuaban naturalmente: el poder adquisitivo de las cuotas se reducía automáticamente. Hoy, con una inflación que ronda el 30% interanual pero tasas de interés reales fuertemente positivas, sucede lo opuesto. Las cuotas ya no se erosionan; al contrario, pesan cada vez más en el presupuesto familiar.
Según análisis de la consultora Eco Go, la tasa real de los créditos al consumo promedia el 58% por encima de la inflación, muy superior a los períodos de alta inflación. Esta combinación explica buena parte del deterioro crediticio que observa el sector financiero desde mediados de 2024 hasta hoy, en julio de 2026.
Morosidad en máximos históricos: el riesgo oculto
La morosidad de las familias alcanzó sus peores niveles en dos décadas. El problema no se limita a los bancos tradicionales: financieras, fintechs y cadenas de electrodomésticos registran tasas de incumplimiento todavía más preocupantes. Cuando se incluye el crédito no bancario —que representa una porción creciente del financiamiento de consumo—, la mora consolidada de las familias llega al 15%, mientras que en el segmento no bancario alcanza aproximadamente el 29%.
Un dato alarmante: quienes originalmente se financiaban solo en bancos y luego recurren también al crédito no bancario duplican su riesgo de mora, pasando del 10,8% al 21,6%. Esto refleja familias en situación de ahogo financiero que buscan nuevas fuentes de crédito para sostener el consumo.
Uno de cada tres pesos se destina a pagar cuotas
Mientras el Banco Central estima una carga financiera cercana al 22% usando solo crédito bancario, Eco Go amplía el análisis incluyendo financieras, proveedores y otras entidades no bancarias, y el porcentaje escala hasta el 30%. En otras palabras, de cada peso que ingresa a un hogar, treinta centavos van destinados exclusivamente al pago de obligaciones crediticias previas.
Este nivel de endeudamiento reduce drásticamente el margen para contraer nuevas deudas, lo que genera una paradoja para la política económica: el éxito inicial de la expansión crediticia durante 2024 —cuando el financiamiento creció a tasas reales del 10% mensual— se convierte ahora en su propio límite.
Los jóvenes, el segmento más vulnerable
Los menores de 24 años son el grupo más afectado por la morosidad. El 38% de los jóvenes en esa franja etaria se encuentra en situación de mora, mayormente vinculado a billeteras digitales y plataformas de crédito rápido. Este patrón anticipa posibles problemas de historial crediticio para una generación que apenas comienza su vida laboral.
¿Qué esperar en los próximos meses?
Las proyecciones de Eco Go para el resto de 2026 y 2027 son desalentadoras. Incluso bajo escenarios relativamente optimistas, la morosidad se mantendrá en niveles históricamente elevados. La correlación entre carga financiera e incumplimiento es extremadamente fuerte: cuando aumenta el peso de las cuotas, la mora sube aproximadamente siete meses después.
El Gobierno enfrenta un dilema estratégico: si continúa el crecimiento del crédito sin resolver la carga de deuda existente, el consumo —motor esperado de recuperación— podría perder impulso precisamente cuando más se necesita consolidar el crecimiento económico.
Impacto para empresas y administradores de negocios argentinos
Para dueños y administradores de empresas, estos datos tienen implicaciones directas en la demanda de consumo. Familias con el 30% de sus ingresos comprometidos en cuotas tienen menor capacidad de compra discrecional, lo que afecta sectores como retail, gastronomía, servicios y bienes de consumo duradero. La morosidad récord también eleva los costos financieros del sistema: bancos y financieras ajustan spreads al alza, encareciendo el crédito para empresas que dependen del financiamiento de capital de trabajo. Además, el cambio de comportamiento crediticio de las familias —migrando hacia plataformas no bancarias de mayor riesgo— señala un deterioro en la calidad crediticia general que podría traducirse en restricciones de acceso al financiamiento para toda la economía durante 2026 y 2027.







