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Crédito en pesos: freno en la recuperación y presión sobre el consumo
Economía

Se demora el arranque de un motor clave de la economía y complica la recuperación del consumo

El financiamiento en pesos al sector privado atraviesa un estancamiento que complica la recuperación económica y el consumo de las familias argentinas durante 2026. A pesar de mejoras en la…

El financiamiento en pesos al sector privado atraviesa un estancamiento que complica la recuperación económica y el consumo de las familias argentinas durante 2026. A pesar de mejoras en la liquidez y moderación de la inflación, el crédito permanece prácticamente sin crecimiento, atrapado entre tasas elevadas, morosidad récord y presupuestos familiares deprimidos que limitan la demanda de nuevas operaciones.

¿Cuál es la situación actual del crédito en pesos?

Al cierre de junio de 2026, el financiamiento bancario total a las familias alcanzó $43,1 billones, reflejando una contracción mensual del 1,9% y un retroceso interanual del 4,4%. Comparado con agosto de 2025, el ajuste acumulado en crédito al consumo llega al 8,8%, con caídas más pronunciadas en tarjetas de crédito (11%) y préstamos personales (6,2%).

Este comportamiento errático desde mediados de 2025 refleja el impacto simultáneo de aceleración inflacionaria, pérdida de poder adquisitivo salarial y tasas de interés elevadas. Los bancos, enfrentados a incumplimientos crecientes, priorizan la recuperación de carteras morosas antes que expandir nuevas operaciones, lo que restringe aún más el acceso al financiamiento para particulares y empresas.

Morosidad en niveles históricos: el freno principal

La morosidad bancaria se multiplicó casi cuatro veces en el último año, alcanzando su nivel más alto en casi 25 años. Para fines de mayo de 2026, el 12,7% de los créditos a familias se encontraba en situación irregular. Según datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la mora en bancos pasó de 2,7% en enero de 2025 a 12,1% en abril de 2026, con leves subidas adicionales en mayo.

Este salto en incumplimientos obliga a las entidades a mantener tasas activas elevadas para compensar el mayor riesgo de incobrabilidad. El spread entre tasas pasivas y activas se amplió significativamente: mientras algunas tasas pasivas bajaron del 50% al 20% de tasa nominal anual (TNA) entre febrero y abril de 2026, las tasas activas en préstamos personales permanecen en torno al 65% (TNA) y en tarjetas de crédito rondan el 85% (TNA), frente a una inflación esperada inferior al 30% interanual.

Presupuestos familiares deprimidos: la raíz del problema

La restricción presupuestaria obliga a los hogares a priorizar gastos esenciales y postergar el cumplimiento de obligaciones financieras. Este comportamiento acelera el incumplimiento de pagos y dispara la morosidad por encima de registros de años previos. El deterioro en la capacidad de repago de las familias profundiza un círculo vicioso que limita cualquier recuperación del consumo interno.

El contexto salarial podría modificar parcialmente el escenario en el segundo semestre de 2026. Según análisis de PWC, los salarios nominales se negocian con referencia a la inflación pasada. En un contexto donde la inflación desacelera, los acuerdos paritarios cerrados sobre inflacionarios más altos comenzarían a generar ganancias reales de poder adquisitivo, lo que potencialmente aumentaría la demanda de financiamiento.

Señales de estabilización: ¿hacia dónde vamos?

En junio, el crédito en pesos al sector privado registró crecimiento real tras cinco meses de retroceso, impulsado principalmente por operaciones comerciales. Según First Capital Group, las operaciones comerciales superaron la barrera inflacionaria y compensaron el magro desempeño de carteras asociadas con particulares.

El Informe de Estabilidad Financiera del BCRA proyecta que la intermediación financiera en pesos retomará su senda de crecimiento en los próximos meses, acompañada por mejora en la actividad económica y baja en expectativas de inflación. Sin embargo, Invecq Consultores advierte que aunque el ritmo de incumplimientos comenzó a moderarse, los actuales niveles de tasas de interés hacen poco probable un repunte fuerte del consumo interno, incluso si el crédito inicia una recuperación gradual.

Según PWC, la mora en la cartera de préstamos al sector privado alcanzó un pico en el primer cuatrimestre de 2026. Una vez tocado ese máximo, la convergencia al promedio de largo plazo (2,7%) puede demorar entre siete y doce meses. Mientras tanto, los bancos mantienen criterios restrictivos de otorgamiento que limitan la expansión crediticia en el corto plazo.

Impacto para empresas y administradores: acceso restringido y presión operativa

Para dueños y administradores de empresas, el estancamiento crediticio implica acceso limitado a financiamiento con tasas elevadas que erosionan márgenes operativos. Las pymes enfrentan presupuestos familiares deprimidos en sus clientes, lo que reduce la demanda de bienes y servicios. La morosidad récord en el sistema también afecta indirectamente a proveedores y deudores comerciales.

El stock de préstamos en pesos y dólares al sector privado se ubicó en 12,3% del Producto Bruto Interno (PBI) en junio de 2026. El dinamismo se concentra en moneda extranjera, mientras que el crédito en pesos sigue enfrentando restricciones. Para las empresas, esto significa que la recuperación del consumo interno seguirá siendo lenta, condicionando planes de expansión e inversión. La estabilidad de ingresos y la capacidad de pago de clientes seguirán siendo factores determinantes para la viabilidad de nuevas operaciones comerciales en el segundo semestre de 2026.

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