La morosidad en niveles históricos sigue sofocando el crecimiento del crédito destinado al consumo. Durante septiembre de 2026, los préstamos personales retrocedieron 0,1% en términos reales, mientras que el financiamiento con tarjetas de crédito apenas avanzó 0,2%, según datos del sector financiero. El contexto de irregularidad elevada limita la capacidad del sistema para reactivar estas líneas, aunque algunos segmentos como los créditos hipotecarios y prendarios mostraron dinamismo.
¿Por qué el crédito al consumo no crece?
El estancamiento responde a dos factores interconectados. Por un lado, la morosidad se mantiene en sus máximos de los últimos 20 años, obligando a los bancos a destinar recursos a refinanciaciones en lugar de nuevas colocaciones. Durante septiembre de 2026, los bancos refinanciaron aproximadamente 115.000 deudores mensuales dentro de un universo estimado en 6 millones de morosos si se incluyen créditos no bancarios como tarjetas de supermercados y billeteras virtuales.
Por otro lado, los hogares enfrentan restricciones de ingreso disponible que desalientan el endeudamiento. Aunque la desaceleración inflacionaria en los últimos meses influyó positivamente, las tasas de mercado y los plazos ofrecidos no resultan atractivos para nuevos créditos. El resultado es un círculo donde la irregularidad frena la oferta y la debilidad económica reduce la demanda.
Evolución del saldo total de préstamos en septiembre
En términos nominales, el saldo total de préstamos en pesos al sector privado creció 2,2% mensual, alcanzando $108,8 billones, con una expansión interanual del 31,5%. Sin embargo, descontada la inflación de septiembre (1,9%), el crecimiento real fue apenas de 0,3% mensual y mostró una contracción anual del 1,4%. Esto significa que, en poder adquisitivo, la cartera crediticia es menor que hace un año.
Según análisis de especialistas, este crecimiento real modesto por segundo mes consecutivo refleja un mercado donde las operaciones con tarjeta de crédito, créditos prendarios e hipotecarios sostienen parcialmente el saldo, pero insuficientemente para recuperar el volumen de hace doce meses en términos reales.
Segmentos específicos: ganadores y perdedores
El desempeño varió significativamente según el tipo de crédito:
- Préstamos personales: cerraron septiembre con $22,3 billones en saldo. Nominalmente subieron 1,8% mensual y 22,7% interanual, pero en términos reales cayeron 0,1% en el mes y 7,9% en el año. La irregularidad en este segmento frenó nuevas operaciones.
- Tarjetas de crédito: acumularon $25,6 billones financiados, con avance nominal de 2,1% mensual y 18,6% interanual. Realmente, crecieron solo 0,2% en el mes y quedaron 11,1% por debajo del nivel de septiembre de 2025.
- Créditos comerciales: alcanzaron $36,9 billones, con suba nominal de 1,6% mensual y 37,9% anual. Descontada inflación, cayeron 0,3% en el mes pero mantuvieron crecimiento real anual de 3,5%.
- Créditos prendarios: llegaron a $6,6 billones tras subir 3,2% nominalmente. El crecimiento real fue de 1,3% en el mes, aunque el saldo permanece 10,1% por debajo del año anterior en términos reales.
- Créditos hipotecarios: fueron el segmento más dinámico, alcanzando $9,1 billones con incrementos nominales de 5,4% mensual y 73% interanual. En términos reales, subieron 3,5% en el mes y 29,8% respecto de septiembre de 2025, impulsados por anuncios oficiales que establecieron techos de tasas.
Señales de techo en la morosidad familiar
Aunque la irregularidad permanece en máximos históricos, comenzaron a observarse señales de estabilización. La mora en préstamos a familias descendió levemente de 12,9% en julio a 12,8% en agosto de 2026, según datos de la Central de Deudores del BCRA. Este cambio ocurrió en un contexto donde la morosidad total del sector privado se mantuvo en 7,7%.
En contraste, la irregularidad en empresas subió de 3,6% a 3,8% durante el mismo período. Los niveles actuales siguen muy por encima de octubre de 2024, cuando la mora total era 1,5% y la de familias alcanzaba 2,5%. Esto demuestra la magnitud del desafío que enfrenta el sistema financiero para normalizar el crédito.
Créditos en dólares: la excepción con flexibilización oficial
El segmento en moneda extranjera mostró dinamismo diferente. Los créditos en dólares alcanzaron USD 26.170 millones con crecimiento de 3,7% mensual y 39,8% interanual, impulsados por la flexibilización oficial que permitió acceso a sectores no vinculados a exportaciones. Los créditos comerciales concentraron 74,2% de la deuda en dólares (USD 19.407 millones), mientras que las tarjetas de crédito en dólares subieron 28,2% mensual hasta USD 859 millones.
Implicancias para empresas y administradores de negocios
Para dueños y administradores de empresas argentinas, este escenario presenta desafíos y oportunidades. La contracción real del crédito al consumo impacta directamente en la demanda de bienes y servicios, limitando las perspectivas de crecimiento de ventas durante el último trimestre de 2026. Las restricciones crediticias a hogares reducen el poder de compra, presionando márgenes comerciales.
Sin embargo, quienes operan en sectores como construcción o inmuebles pueden beneficiarse del dinamismo hipotecario. Empresas con acceso a dólares encuentran condiciones más favorables para financiamiento, especialmente si están vinculadas a exportaciones o sectores autorizados. La reactivación del crédito comercial en términos reales abre ventanas para empresas solventes, aunque la mora empresarial en aumento (3,8%) señala que la competencia por fondos se intensificará. Monitorear el comportamiento de la mora y los planes de refinanciación será crítico para anticipar cambios en disponibilidad y costo de crédito hacia 2027.







