Los combustibles registraron un aumento de 558% entre diciembre de 2023 y agosto de 2026, erosionando significativamente el poder de compra de los trabajadores argentinos, según un informe de la Fundación Encuentro sobre política energética.
¿Cuánto subió el precio de la nafta en estos tres años?
El litro de nafta súper pasó de $311 en diciembre de 2023 a superar los $2.000 en la actualidad, un incremento muy superior al 311% acumulado por los salarios privados durante el mismo período. Esta divergencia refleja el impacto de la devaluación del 54% y la liberalización de precios implementadas a finales de 2023 por el Gobierno nacional.
Medido en dólares, el combustible también experimentó una suba cercana al 45% en el último año. La brecha entre ambas tasas de crecimiento se traduce en una pérdida concreta de poder adquisitivo: un salario privado promedio permitía cargar 26,3 tanques de 50 litros en noviembre de 2023, mientras que hoy solo alcanza para 16,4, representando una caída del 38%.
Resultados empresariales récord versus caída salarial
Esta evolución de precios coexiste con desempeños sectoriales elevados. YPF presentó en el segundo trimestre de 2026 el mayor resultado de su historia, en un contexto de superávit fiscal. La producción de Vaca Muerta creció 47% en el último año y las refinerías operan al máximo de su capacidad, contrastando fuertemente con la caída del poder adquisitivo registrada a nivel de los hogares argentinos.
El informe cuestiona el criterio con el que se fija el precio interno de los combustibles a pesar de que la Argentina produce su propio petróleo. El mecanismo de paridad de importación (import parity) impone que el consumidor local pague la nafta y el gasoil a precios internacionales de referencia, absorbiendo costos teóricos de flete, seguros y márgenes de refinación globales, aunque la materia prima se extraiga, refine y distribuya íntegramente dentro del territorio nacional.
El impacto inflacionario en la economía doméstica
El mayor costo de los combustibles puede explicar hasta 2,5 puntos de la inflación anual, al trasladarse al costo del transporte de mercaderías y, de ahí, al precio final de alimentos y otros bienes de consumo. La estructura logística argentina presenta una dependencia del transporte automotor de cargas, por donde circula más del 80% de la producción agropecuaria, industrial y de bienes de consumo masivo.
Cuando el valor del gasoil o la nafta se dispara, existe un efecto en cadena de segunda ronda por el cual la tarifa del flete traslada el ajuste en forma directa sobre distribuidores y mayoristas. Productos como la carne, la leche, los alimentos frescos y los insumos industriales incorporan el sobrecosto energético en cada tramo de la cadena logística, afectando con mayor severidad a los deciles de menores ingresos.
El destino incumplido de los impuestos a combustibles
El informe resalta que el destino de los impuestos a los combustibles asignados por ley es la construcción y el mantenimiento de rutas. Sin embargo, de los 1,5 billones de pesos recaudados con ese fin en los últimos dos años y medio, solo el 26% se ejecutó en obra vial, mientras que el resto permaneció colocado en plazos fijos y bonos del Estado.
Las rutas en mal estado incrementan el desgaste del parque automotor, multiplican los tiempos de viaje y elevan las tasas de siniestralidad, transfiriendo nuevos costos al sector privado. Con los fondos no ejecutados, sostiene el informe, podrían haberse mejorado entre 20 y 25 mil kilómetros de rutas, equivalentes a cerca de dos tercios de la red vial nacional.
Impacto para empresas y administradores de negocios argentinos
Para los dueños y administradores de empresas, esta dinámica de precios de combustibles representa un desafío operativo y financiero de primera magnitud. El encarecimiento del combustible opera como un impuesto adicional sobre el conjunto de la actividad económica, afectando tanto a empresas que dependen del transporte de cargas como a aquellas cuyos costos logísticos se trasladan a los precios finales.
La brecha entre la rentabilidad del sector petrolero y el poder adquisitivo de los salarios genera presiones inflacionarias que erosionan márgenes operativos. Los administradores deben evaluar estrategias de eficiencia logística, renegociación de contratos de transporte y ajustes de precios que mantengan la competitividad sin perder clientes. El relevamiento de la Fundación Encuentro llama a mayor transparencia en la fijación del precio interno, a que los fondos asignados a rutas se ejecuten efectivamente en obra vial, y a un esquema fiscal que no dependa de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios.







