El equipo económico prioriza la desinflación hacia las elecciones presidenciales de 2027, manteniendo el dólar estable como eje central de la estrategia antiinflacionaria.
¿Cuál es la estrategia de Caputo y Bausili para 2027?
Luis Caputo, ministro de Economía, y Santiago Bausili, presidente del Banco Central, han definido su hoja de ruta hacia el año electoral: profundizar el proceso de desinflación sin introducir cambios disruptivos en el mercado cambiario. Esta decisión contrasta con las recomendaciones de economistas cercanos a la administración Milei, como Miguel Ángel Broda, Lucas Llach y Carlos Melconián, quienes sugerían estrategias alternativas.
El Banco Central enfatiza que la inflación promedio mensual descendió al 2,2% entre abril y junio de 2026, una mejora respecto del 3% registrado en el primer trimestre. En junio específicamente, el Índice de Precios al Consumidor se ubicó en 1,9%, muy por debajo del 3,4% de marzo. Esta trayectoria refleja tanto la desaparición de factores transitorios como el efecto combinado de las políticas fiscal y monetaria.
Inflación núcleo: el indicador que respalda la estrategia
El dato más relevante para el Gobierno es la evolución de la inflación subyacente o núcleo, que excluye los rubros más volátiles. Según el BCRA, esta medida cayó hasta 1,6% mensual en junio de 2026, un nivel comparable con registros de 2017. Para la autoridad monetaria, esta caída ya no obedece únicamente a factores estacionales, sino a un proceso estructural vinculado a los determinantes profundos del régimen macroeconómico vigente.
El Banco Central atribuye la desaceleración a múltiples factores: la desaparición de aumentos estacionales en carnes, educación e indumentaria; ajustes tarifarios limitados; y, fundamentalmente, el funcionamiento del esquema macroeconómico implementado. Este diagnóstico es político y económico: el Gobierno considera que la tendencia de desinflación ya se consolidó y no depende exclusivamente de circunstancias puntuales.
El desacoplamiento del dólar: clave para mantener la inflación baja
Un aspecto central en el análisis del BCRA es el desenganche entre la cotización del dólar y los precios de los bienes. Durante junio de 2026, el dólar oficial aceleró su ritmo de suba con un incremento del 5,2%, pero la inflación de bienes continuó desacelerándose. Para el Banco Central, esta menor correlación es una característica esperada de un régimen cambiario más flexible y aumenta la capacidad de la economía para absorber shocks externos sin trasladarlos automáticamente a los precios.
Detrás de esta afirmación técnica se esconde una conclusión política: si el Gobierno pretende llegar a las elecciones presidenciales con una inflación descendente, resulta difícil imaginar cambios disruptivos en el mercado cambiario. La estabilidad del dólar deja de ser solamente una variable financiera para convertirse en una pieza central de la estrategia antiinflacionaria durante los próximos quince meses.
Los riesgos de la apuesta por la estabilidad cambiaria
La estrategia tiene sus detractores. Mientras el Gobierno celebra una inflación que perforó el piso del 2% mensual y un dólar bajo control, economistas advierten sobre la contracara: la falta de pesos en la economía (iliquidez) limita la recuperación de la actividad económica. Para algunos analistas, la política monetaria se ha convertido en el principal obstáculo del programa económico, generando una restricción de liquidez que frena el dinamismo empresarial.
Impacto para empresas y administradores: qué significa esta apuesta cambiaria
Para los dueños y administradores de empresas argentinas, esta estrategia de mantener el dólar estable hasta 2027 tiene implicaciones directas. Por un lado, un dólar controlado facilita la planificación financiera y reduce la incertidumbre en costos de importaciones y financiamiento en moneda extranjera. Por otro, la restricción de liquidez en pesos puede comprometer la disponibilidad de crédito para inversión y capital de trabajo.
La estabilidad cambiaria también afecta la competitividad: una cotización del dólar sin grandes saltos favorece a sectores orientados al mercado interno, pero presiona márgenes en industrias exportadoras que dependen de una mayor brecha cambiaria. Los administradores deben monitorear si esta política se mantiene sin cambios hasta las elecciones o si enfrentan ajustes que alteren el escenario de previsibilidad que el Gobierno intenta consolidar.







