La Fundación Pensar, el think tank vinculado al PRO macrista, lanzó una advertencia sobre la sostenibilidad del modelo económico libertario. Aunque reconoce avances en las variables macroeconómicas durante 2025 y 2026, el informe subraya que el desafío central es lograr que el crecimiento llegue a la mayoría de la población argentina.
¿Cómo divide el informe a la sociedad según el impacto del ajuste?
El documento titulado Atrápame si puedes – Parte II segmenta a la población en cuatro grupos según su experiencia con el programa económico. Los "ganadores tempranos" son quienes ya contaban con activos, dólares, propiedades e ingresos altos antes del cambio de gobierno. Los "esperadores" incluyen a la clase media formal privada, jóvenes y trabajadores registrados que aguardan recuperación. Los "ajustados" forman la clase media baja: sectores que no cayeron en pobreza pero perdieron estándar de vida. Finalmente, los "perdedores directos" comprenden jubilados de la mínima, empleados públicos, trabajadores informales y hogares pobres con niños.
La paradoja que identifica Pensar es que "los números mejoran más rápido que la vida cotidiana". Durante el primer trimestre de 2026, el ingreso promedio de la población ocupada fue de $1.104.227,00, mientras que la mediana alcanzó $900.000,00. Sin embargo, una familia de cuatro integrantes necesitó $1.531.472,91 en junio para superar la línea de pobreza en el Gran Buenos Aires, lo que obliga a muchos hogares a contraer deuda o sumar actividades complementarias.
El endeudamiento de los hogares alcanza máximos históricos
Uno de los datos más preocupantes del análisis es el incremento del endeudamiento familiar. El peso de la deuda de los hogares alcanzó el máximo de la serie del Banco Central, iniciada hace veinte años. El aumento se concentra en tarjetas de crédito y préstamos personales, no en crédito hipotecario o prendario.
El informe advierte que este financiamiento no refleja inversión en patrimonio, sino obligaciones de corto plazo para sostener consumos y cubrir gastos cotidianos. La tarjeta y los préstamos funcionan cada vez más como "un complemento del salario". Aunque el regreso del crédito podría interpretarse como señal de confianza, también evidencia la falta de margen en los presupuestos familiares durante 2025 y lo que va de 2026.
Jubilados, empleados públicos e informales: los sectores más afectados
El estudio ubicó a los jubilados entre los grupos con peor balance social. En julio de 2026, quienes recibían la jubilación mínima más el bono de $70.000 cobraban $481.989,33. El impacto político es particular porque los adultos mayores no pueden esperar a que los beneficios del modelo se materialicen a futuro.
La informalidad laboral llegó al 44,2% de los ocupados en el primer trimestre de 2026, aumentando 2,2 puntos interanuales. Aunque la baja de inflación ayuda a estos trabajadores, no resuelve la inestabilidad de ingresos ni la falta de cobertura. Entre los empleados públicos, el salario creció 1,5% mensual en mayo de 2026, por debajo del índice general de 2,2% y del privado no registrado de 3,5%, generando tanto pérdida de poder adquisitivo como de reconocimiento social.
La clase media baja bajo presión: el sector más relevante políticamente
Pensar identifica a la clase media baja como crucial para entender el humor social. Este segmento no accede a asistencia estatal, carece de activos para protegerse y tiene poco margen de ahorro. Recorta consumos, posterga arreglos, cambia marcas y administra el gasto de manera defensiva. Su situación se resume en una fórmula incómoda: "demasiado rica para ser asistida, demasiado pobre para estar tranquila".
La clase media formal privada reconoce la baja de inflación y estabilización, pero aún no recompone su estándar de vida. Aunque el salario privado registrado acumuló 12,3% desde diciembre de 2025, continúa condicionado por alquileres, expensas, educación, salud y transporte. La recuperación no se traduce uniformemente en bienestar cotidiano.
El límite de la estabilización: de la macroeconomía al bienestar social
El diagnóstico de Pensar no cuestiona el objetivo de estabilizar la economía. El Gobierno logró ordenar variables macroeconómicas, reducir inflación, mostrar disciplina fiscal y mejorar expectativas durante 2024 y 2025. Sin embargo, esos resultados aún no se tradujeron en recuperación social homogénea.
La primera etapa del programa evitó el colapso económico. La segunda será más difícil políticamente porque exige convertir estabilización en bienestar. Una recuperación puede ser estadísticamente real pero políticamente insuficiente si la clase media baja continúa ajustada, jubilados mantienen malestar, informales siguen desprotegidos y el conurbano no percibe mejora. "La pregunta ya no es solamente: ¿está funcionando el modelo? La pregunta social es: ¿para quién está funcionando?", plantea el documento.
Impacto para administradores y dueños de empresas argentinas
Para los empresarios y administradores de negocios, el análisis de Pensar ofrece señales críticas sobre el mercado interno. El endeudamiento récord de hogares y la presión sobre la clase media baja indican consumo defensivo y volatilidad en la demanda. Los sectores ganadores —agro, energía, minería— generan alrededor de 250.000 empleos directos, mientras que industria, construcción y comercio concentran 8 millones de trabajadores con composición laboral cambiante: entre 2023 y 2025 se perdieron 310.000 asalariados formales pero aumentaron 300.000 cuentapropistas.
Esto significa que las pymes vinculadas al mercado interno enfrentan demanda desigual y consumidores más endeudados. Los dueños de negocios deben considerar que la recuperación macroeconómica no garantiza expansión de mercados internos homogénea, y que la estabilización de precios no se acompaña automáticamente de recuperación de márgenes o volúmenes de ventas. La administración financiera de empresas debe contemplar estos ciclos de presión social como factor de riesgo en la proyección de ingresos y flujos de efectivo.







