Los trabajadores que migraron del empleo formal privado hacia el cuentapropismo experimentaron una caída de poder adquisitivo cercana al 28%, según datos de C-P Consultora basados en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC.
¿Cuál es el impacto real de la pérdida de empleo formal?
Quienes perdieron su empleo asalariado registrado en el sector privado y consiguieron otro trabajo en la informalidad sufrieron una reducción promedio de ingresos reales del 14%. Sin embargo, el deterioro fue mucho más severo para quienes optaron por el autoempleo: la caída alcanzó el 28% en términos de poder adquisitivo, transformando el cuentapropismo en una salida de emergencia económicamente penalizada.
El análisis de C-P Consultora revela que solo los trabajadores que lograron mantenerse en el empleo registrado del sector privado mejoraron sus ingresos, con un incremento del 2% durante este período. En contraste, quienes transitaron hacia el sector público registraron una pérdida del 5%, mientras que los que ingresaron al empleo asalariado no registrado sufrieron una reducción del 14%.
Informalidad como refugio ante la crisis del mercado laboral
Entre los trabajadores asalariados privados formales que perdieron su empleo, las trayectorias fueron diversas: el 26% consiguió un puesto en el sector público, el 47% accedió a un empleo asalariado no registrado y el 27% se convirtió en cuentapropista. Esta dispersión refleja cómo la informalidad funcionó como amortiguador de la caída del empleo formal, evitando que la tasa de desempleo creciera a una velocidad aún mayor.
Los datos del INDEC muestran que la tasa de desempleo pasó del 6,9% en el primer trimestre de 2023 al 7,8% en igual período de 2026. Simultáneamente, la informalidad avanzó del 40,8% entre enero y marzo de 2024 al 44,2% en 2026, evidenciando el crecimiento del empleo no registrado y el cuentapropismo como válvula de escape laboral.
Pérdida de empleos: cifras comparables a crisis previas
Según datos de la Secretaría de Trabajo, la pérdida de puestos de trabajo alcanzó los 235.419 empleos, una magnitud similar a la registrada durante la crisis de 2018-2019 del gobierno de Mauricio Macri. Esta comparación temporal subraya la gravedad de la contracción laboral actual en el sector privado y público.
El deterioro fue particularmente agudo entre quienes migraron del empleo no registrado al cuentapropismo, con una caída de ingresos del 20,9%. En el sector público, los únicos que mejoraron su situación fueron quienes provenían del empleo asalariado no registrado, con una mejora del 11,9%, mientras que los exasalariados registrados experimentaron una reducción del 5,4% y los cuentapropistas del 4,8%.
Reforma laboral y flexibilización: acelerador de la precarización
C-P Consultora advierte que la reforma laboral pudo haber contribuido a la aceleración de la precarización al facilitar la flexibilización y reducir costos de contratación y despidos. En un contexto de alta capacidad ociosa y bajas ventas, la mayor facilidad para despedir acelera las desvinculaciones y repercute de forma inmediata en la pérdida de empleo formal.
Al abaratarse la contratación de nuevos trabajadores, las empresas de alta rotación tienen incentivos económicos para aumentar los despidos y reducir la antigüedad promedio de su planta. De esta forma, la reforma laboral actúa como mecanismo que amplifica la rotación laboral, traduciendo esta volatilidad en una contracción neta de los niveles de empleo durante momentos de crisis del sector real.
Impacto para empresarios y administradores: gestión de costos laborales en tiempos de crisis
Para los dueños y administradores de empresas argentinas, estos datos plantean dilemas estratégicos críticos. La migración masiva hacia el cuentapropismo y el empleo informal refleja una compresión de márgenes salariales que afecta la demanda interna y limita el consumo de servicios y productos. Una fuerza laboral precarizada tiene menor capacidad de gasto, impactando directamente en las ventas de sectores orientados al mercado doméstico.
Además, la rotación laboral acelerada por la reforma genera costos ocultos en productividad, capacitación y retención de talento. Las empresas que buscan competir en mercados más exigentes requieren estabilidad laboral y expertise acumulado, factores que la precarización actual erosiona. La paradoja es que mientras las políticas de flexibilización reducen costos directos de contratación, generan ineficiencias operacionales que pueden comprometer la competitividad a mediano plazo, especialmente en sectores que demandan capital humano calificado y comprometido.







