El precio del petróleo Brent volvió a escalar y amenaza con trasladar presión inflacionaria a los surtidores argentinos. Tras tocar los USD 102 el 23 de julio de 2026 —su máximo desde junio—, el crudo retrocedió a USD 92,82 tres días después, pero el riesgo de nuevas turbulencias en Oriente Medio mantiene la volatilidad en los mercados internacionales. Si el Brent llegara a los USD 100 por barril, las naftas locales deberían absorber una suba de 12,4%, con un impacto directo de 0,56 puntos porcentuales sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC), según cálculos de la consultora Empiria.
¿Cuál es el riesgo geopolítico que presiona el precio del petróleo?
La reanudación de ataques estadounidenses contra Irán y las represalias iraníes han reavivado la incertidumbre sobre los mercados energéticos. El tránsito por el estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca de una quinta parte del petróleo mundial, cayó de más de 88 buques diarios a apenas 15 barcos por día. Con esa ruta prácticamente cerrada, el mercado opera sobre vías alternativas: el oleoducto saudí hacia el Mar Rojo, las salidas de los Emiratos Árabes Unidos por Fuyaira y las terminales de exportación de Omán.
Los hutíes declararon un bloqueo sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, la salida obligada del crudo saudí hacia Asia una vez que cruza el Mar Rojo. Aunque por ahora es solo una amenaza sin ataques efectivos, alcanzó para devolver al Brent por encima de los 80 dólares durante julio de 2026. Según estimaciones de Bloomberg Economics citadas por Empiria, el corte efectivo de la ruta saudí —que mueve entre 4 y 5 millones de barriles diarios— empujaría el Brent hacia los USD 103 por barril.
Impacto de cada ruta alternativa en el precio del crudo
La consultora elaboró un cálculo detallado del impacto por cada vía de distribución:
- Oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita: USD 18 adicionales ante disrupción total
- Salidas de Fuyaira (Emiratos): USD 6
- Terminales de Omán: USD 4
- Oleoducto Irak-Turquía: USD 1
El cierre simultáneo de las cuatro rutas alternativas llevaría el Brent a USD 114 por barril, todo antes de contabilizar cualquier deterioro adicional sobre el propio estrecho de Ormuz. El antecedente más cercano fue el ataque a la planta saudí de Abqaiq en 2019, cuando la pérdida del 5% de la oferta mundial provocó un salto de casi 15% en el precio del crudo en una sola jornada.
¿Cómo se traslada esto a los surtidores argentinos?
Durante abril, mayo y junio de 2026, YPF —con más del 55% del mercado minorista de combustibles— implementó un esquema de contención de precios denominado internamente "buffer". Gracias a ese mecanismo, la nafta súper se mantuvo en torno a los $2.000 por litro, cuando el Brent marcaba valores que hubieran requerido ajustes muy superiores. El resto de las petroleras replicó la estrategia.
El esquema tenía una condición de salida diseñada: cuando el crudo bajara, el precio en el surtidor no acompañaría de inmediato. Las petroleras recuperarían primero las ganancias resignadas durante la contención. Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, descartó la semana pasada una baja inminente en el precio de los combustibles: "Todavía no llegamos al valor de equilibrio para bajar el precio de la nafta. Ahora con estos precios te imaginarás que se dilata más". La consultora 1816 estimó que, para compensar la totalidad del congelamiento, los precios deberían mantenerse en los valores actuales hasta mediados de noviembre de 2026.
¿Qué significa esto para las empresas argentinas?
Para los administradores y dueños de empresas argentinas, el escenario actual presenta dos frentes críticos. Por un lado, la volatilidad del crudo genera incertidumbre sobre los costos de transporte y logística, componentes clave en la estructura de gastos de cualquier negocio. Una suba de 0,56 puntos en el IPC por combustibles impacta directamente en los márgenes operativos, especialmente en sectores intensivos en transporte.
Por otro lado, la dinámica de precios que presiona sobre los combustibles tiene una contracara favorable para las cuentas externas argentinas. El encarecimiento del crudo mejora el balance de un sector energético hoy netamente exportador. Empiria proyecta para 2026 exportaciones energéticas por USD 12.300 millones, importaciones por USD 3.100 millones y un superávit de USD 9.200 millones, un nuevo máximo que consolida a la energía como pilar del saldo comercial positivo.
Esa trayectoria ascendente llevaría el superávit energético a USD 32.431 millones hacia 2035, según las proyecciones de Empiria. Para las empresas, esto significa que mientras enfrentan presión en costos de operación, el país mejora su posición externa, lo que potencialmente podría traducirse en mayor estabilidad cambiaria y acceso a financiamiento internacional en el mediano plazo.







