La paralización de los servicios de practicaje en puertos argentinos genera una crisis logística sin precedentes en la cadena energética nacional, bloqueando tanto el suministro de crudo a refinerías como la distribución de combustibles hacia la Patagonia y comprometiendo las exportaciones de petróleo.
¿Cómo afecta el paro portuario al abastecimiento de combustibles?
La medida de fuerza impulsada por el sindicato de prácticos de puerto paraliza las maniobras de amarre y desembarque de buques tanque en terminales clave como Bahía Blanca, Puerto Rosales y el Gran Rosario. Esta interrupción genera dos impactos simultáneos sobre la cadena de valor: por un lado, detiene la llegada de materias primas hacia las plantas de procesamiento en el Área Metropolitana de Buenos Aires y el cordón industrial; por el otro, bloquea la distribución de naftas y gasoil terminados hacia las ciudades del sur patagónico.
El conflicto surge del rechazo sindical a la desregulación portuaria impulsada por el Gobierno nacional, que busca flexibilizar exigencias operacionales, modificar tarifas y abrir la competencia. El gremio advierte sobre riesgos en la seguridad de navegación y precarización laboral, mientras que la paralización afecta directamente al tráfico mercante en los principales nodos portuarios del país.
Rutas de abastecimiento de crudo desde el sur
El esquema nacional de suministro depende de manera crucial de la conexión marítima para transportar el petróleo pesado y mediano extraído en las cuencas australes como el Escalante del Golfo San Jorge, Tierra del Fuego y la cuenca Neuquina. Este crudo se embarca en buques de cabotaje desde terminales como Caleta Olivia, Caleta Córdova y San Sebastián hacia dos arterias logísticas principales.
La primera ruta abastece a Puerto Rosales, operado por Ebytem/Otamerica en la provincia de Buenos Aires, donde el petróleo ingresa a tanques de la terminal e inyecta directamente en el oleoducto troncal Puerto Rosales-La Plata. Este sistema alimenta el complejo refinador de YPF en La Plata y, mediante interconexiones, continúa hacia la planta de Axion en Campana. Rosales funciona como el principal nodo regulador e inyector del sistema petrolero argentino.
La segunda ruta implica navegación directa de buques tanque hacia las dársenas de refinerías en la zona metropolitana. Los barcos amarran en la Dársena de Inflamables y en los muelles de Raízen en Dock Sud, descargando crudo para refinación directa o para elaboración de mezclas. Determinados cargamentos ingresan por vía fluvial a los muelles de Puerto La Plata y Campana para ajustar volúmenes o evitar costos de transporte por ducto.
Con las maniobras de practicaje completamente suspendidas, ambos canales permanecen inhabilitados. De persistir el paro, el sistema refinador perderá su insumo pesado indispensable, comprometiendo la oferta de naftas y gasoil en estaciones de servicio de todo el territorio nacional.
Impacto en el abastecimiento de la Patagonia
Más allá de la logística de materia prima hacia el norte, el conflicto genera un impacto inverso al cortar el flujo de combustibles procesados hacia las provincias del sur. La distribución de naftas y gasoil terminados para abastecer la Patagonia no se realiza por red de poliductos, sino mediante un circuito de cabotaje marítimo que nace en refinerías y terminales del área metropolitana y Bahía Blanca con destino a puertos australes.
Al encontrarse bloqueados los amarres y zarpes en Dock Sud, La Plata y Campana, los buques cargados no pueden hacerse a la mar para reabastecer plantas receptoras en Caleta Córdova, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Esta interrupción deja a varias localidades sureñas en posición de vulnerabilidad crítica, con margen de autonomía reducido en sus estaciones de servicio si la paralización se extiende en los próximos días.
Amenaza a Vaca Muerta y saturación de tanques
La medida de fuerza también impacta en el proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), cuyo desarrollo requiere inversión de u$s3.000 millones. La suspensión de servicios de practicaje interrumpió la asistencia técnica y el atracamiento de embarcaciones en terminales marítimas, afectando trabajos en la costa rionegrina. En la zona de Punta Colorada, la falta de maniobras detuvo tareas preparatorias para tendido náutico e infraestructura submarina, inmovilizando buques especializados como el semisumergible HL White Marlin.
El freno a la navegación portuaria afecta de forma directa al flujo de exportaciones de crudo desde el complejo de Puerto Rosales. La imposibilidad de efectuar maniobras de practicaje en el nuevo muelle de Otamérica en Bahía Blanca mantiene paralizado el amarre y carga de buques petroleros internacionales, provocando acumulación de embarcaciones en zona de radas y amenazando incumplimientos en ventanas de embarque pactadas.
Esta interrupción de despachos al exterior genera un efecto dominó sobre la infraestructura en tierra. Al no haber evacuación marítima constante de cargamentos, la capacidad de almacenamiento en parques de tanques puede acercarse rápidamente a niveles máximos. De alcanzar el límite operacional en Puerto Rosales, el sistema se verá forzado a regular o interrumpir el bombeo en oleoductos que conectan con centros de producción, dejando sin margen de alivio a puntos de acopio intermedios.
Consecuencias para empresas y operadores energéticos
Para administradores de empresas del sector energético, la paralización portuaria representa una amenaza operacional inmediata. Los refinadores enfrentan riesgo de desabastecimiento de crudo pesado, obligando a ajustes en calendarios de producción y generando potenciales incumplimientos comerciales con clientes. Las operadoras de yacimientos en cuencas del sur confrontan la posibilidad de cierre preventivo de pozos si persiste la saturación de tanques de almacenamiento.
Las distribuidoras de combustibles en la Patagonia deben evaluar contingencias de abastecimiento, mientras que empresas exportadoras de petróleo enfrentan riesgos de incumplimiento de contratos internacionales por demoras en embarques. Proveedores de servicios logísticos y transporte deben replantear cronogramas operacionales. La extensión del paro amplifica estos riesgos, requiriendo que los administradores monitoreen diariamente la evolución del conflicto laboral y sus implicancias sobre cadenas de suministro y márgenes operacionales.







