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Morosidad en Argentina: 3,6 millones con deudas irrecuperables
Economía

Morosidad en Argentina: 3,6 millones con deudas irrecuperables

La morosidad se ha convertido en un fenómeno que afecta profundamente a los hogares argentinos, con 3,6 millones de personas registrando al menos una línea de crédito catalogada como…

La morosidad se ha convertido en un fenómeno que afecta profundamente a los hogares argentinos, con 3,6 millones de personas registrando al menos una línea de crédito catalogada como "irrecuperable" por atrasos superiores a un año. Este indicador representa el 17,2% del total de deudores y refleja un deterioro acelerado que contrasta con la relativa estabilidad de las empresas en materia de capacidad de pago.

¿Cuál es el alcance real de la crisis de morosidad?

La cifra de deudores irrecuperables se ha expandido significativamente en los últimos doce meses. Según datos del Instituto Argentina Grande, durante 2025 y lo que va de 2026, la cantidad de personas con más de un año de atraso acumuló 1,7 millones de casos adicionales respecto del período anterior. Si se incluye a quienes presentan al menos tres meses de retraso en sus obligaciones, el universo de personas con problemas de pago alcanza los 5,8 millones de individuos.

El análisis de la consultora Fidelitas, basado en datos de la Central de Deudores del Banco Central, revela que la mora del sistema financiero llegó al 13,2% de la cartera total durante 2025, el máximo desde el fin de la convertibilidad. Sin embargo, esta cifra global oculta una realidad más compleja: la distribución del problema es profundamente desigual entre personas físicas y empresas.

Empresas vs. hogares: la brecha sin precedentes

El contraste es dramático. Mientras que las personas físicas registraban una tasa de morosidad del 19,7%, las empresas apenas alcanzaban el 4,2%. Esta diferencia de 15,5 puntos porcentuales constituye la mayor brecha documentada en toda la serie histórica analizada.

El deterioro se concentra particularmente en las categorías de mora grave. Según Fidelitas, casi tres de cada cuatro pesos de la cartera irregular corresponden a situaciones clasificadas en las categorías 3, 4 y 5 del Banco Central, indicativas de insolvencia e incobrabilidad. En especial, las categorías 4 y 5 ya representan el 45% de toda la cartera irregular, lo que evidencia que el problema ha dejado de ser un atraso circunstancial para transformarse en un fenómeno estructural de recupero muy difícil.

El canal de financiamiento marca diferencias sustanciales. Entre deudores que operan exclusivamente con entidades bancarias tradicionales, la morosidad alcanza el 14%. En cambio, quienes dependen únicamente de entidades no bancarias —como financieras, emisoras de tarjetas regionales o prestamistas de consumo— enfrentan una tasa de 40,7%, casi tres veces superior. Este segmento registró además el mayor aumento de deudores irrecuperables durante el último año.

Geografía de la deuda: provincias con mayor concentración

El mapa territorial del endeudamiento muestra disparidades marcadas. Según el Instituto Argentina Grande, San Juan encabeza el ranking con el 23,8% de sus deudores en situación irrecuperable, seguida por La Rioja (23%), Catamarca y Santiago del Estero (21,7%), Salta (21,6%) y Chaco (21,5%). En conjunto, el norte argentino y la región de Cuyo concentran los peores indicadores del país.

El análisis de Fidelitas, que mide mora total, identifica a La Rioja con el 23,8% de cartera irregular, seguida por Santa Cruz (21,5%), Catamarca (19,7%), Santiago del Estero (19,6%) y Corrientes (18,9%). La Ciudad de Buenos Aires exhibe el menor nivel, con apenas el 5%. Ambos trabajos coinciden en que el deterioro se aceleró durante el último año, con fuertes incrementos en provincias como La Rioja, Santa Cruz, San Luis y San Juan, mientras que en Neuquén, Chubut, Chaco y Santa Fe el indicador creció alrededor de 12 puntos porcentuales respecto del año anterior.

Perfil de los deudores: edad, género y montos adeudados

Los datos demográficos revelan patrones preocupantes. El 24% de los deudores de entre 15 y 29 años registra al menos una línea de crédito con más de un año de atraso, la mayor proporción entre todas las franjas etarias. En apenas doce meses, la cantidad de jóvenes en esa situación aumentó un 87%, mientras que entre los mayores de 75 años el porcentaje de deudores irrecuperables apenas llega al 9,8%.

Las diferencias por género, aunque menores, también evidencian un deterioro acelerado. La cantidad de mujeres con deudas irrecuperables creció un 93,6% interanual, frente al 84,8% registrado entre los hombres. Sin embargo, la incidencia continúa siendo ligeramente superior entre los varones: el 18,1% de ellos tiene al menos un crédito catalogado como irrecuperable, contra el 16,4% de las mujeres.

Los montos adeudados ilustran la naturaleza del problema. Mientras que la mitad de los deudores que mantienen sus pagos al día debe hasta $668.000,00, entre quienes ya ingresaron en situación de incobrabilidad la mitad adeuda apenas $309.000,00 o menos. En promedio, estos deudores mantienen obligaciones un 53,7% inferiores a las de quienes continúan pagando regularmente. Esto sugiere que el sobreendeudamiento no proviene de grandes créditos hipotecarios o prendarios, sino de préstamos de bajo monto destinados a sostener gastos cotidianos.

Impacto para empresarios y administradores de negocios argentinos

Para los dueños y administradores de empresas, estos datos tienen implicaciones directas en múltiples dimensiones del negocio. El deterioro del crédito en los hogares reduce la capacidad de consumo de la población, afectando la demanda de bienes y servicios. Las pymes que dependen del mercado interno enfrentan una contracción de su base de clientes potenciales, especialmente en provincias del norte y Cuyo donde la morosidad es más aguda.

Además, la concentración de deuda irrecuperable entre jóvenes de 15 a 29 años y el crecimiento acelerado de deudoras mujeres señalan un cambio estructural en el acceso al crédito. Para empresas que operan en financiamiento, seguros o servicios relacionados, esto representa tanto un riesgo de cartera como una oportunidad de reposicionamiento en segmentos con mejor capacidad de pago. La disparidad entre entidades bancarias (14% de morosidad) y no bancarias (40,7%) también indica que las condiciones de acceso al crédito formal siguen siendo restrictivas, perpetuando la dependencia de financiamiento informal y de mayor riesgo.

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