La morosidad en préstamos personales marcó su mayor aumento en seis meses durante mayo de 2026, llegando al 15,9%, según confirmó el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Este incremento forma parte de una tendencia preocupante que se extiende por 19 meses consecutivos en el crédito al sector de familias argentinas.
¿Cuál es el nivel general de morosidad en créditos?
Del total de créditos otorgados durante mayo de 2026, el 12,8% se encontró en situación de pago irregular, lo que representa un aumento de 0,7 puntos porcentuales respecto al mes anterior. Esta cifra refleja la profundización de las dificultades financieras de los hogares argentinos. Para dimensionar la magnitud del problema, basta recordar que en octubre de 2024 la morosidad era apenas del 2,5%, menos de una quinta parte del nivel actual.
¿Cómo se distribuye la morosidad por tipo de crédito?
Más allá de los préstamos personales, el deterioro afecta a todas las líneas de financiamiento. Las tarjetas de crédito registraron una morosidad del 13,1% en mayo de 2026, con un aumento mensual de 0,6 puntos porcentuales. Los créditos prendarios (para vehículos) alcanzaron el 7,7% de mora, mientras que los hipotecarios se mantuvieron en el 1,6%, aunque ambos muestran incrementos sostenidos mes a mes.
El comportamiento diferenciado entre líneas responde a un patrón lógico: los hogares priorizan el pago de obligaciones vinculadas a bienes esenciales como vivienda o automóviles antes de afrontar deudas de consumo. Sin embargo, incluso en estos segmentos menos golpeados, la tendencia es alcista.
¿Qué presiones genera la morosidad sobre las tasas de interés?
Las dificultades de las familias para cumplir con sus obligaciones financieras generan un círculo perverso en el mercado de crédito. Los bancos mantienen tasas de interés para préstamos personales en torno al 65%/70% anual, mientras que las tasas pasivas (como los plazos fijos) se sitúan hace meses en el orden del 20%. Esta brecha desestimula la oferta de crédito al sector privado y limita su capacidad de financiar actividad económica.
Según el vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, la morosidad tocó un pico durante el segundo trimestre de 2026. Este escenario complica las perspectivas de recuperación crediticia en los próximos meses.
¿Quiénes sufren mayor morosidad: jóvenes y usuarios de fintech?
Los datos desagregados muestran patrones alarmantes en segmentos específicos. Según análisis de consultoras especializadas, casi el 40% de los menores de 35 años con créditos vigentes tiene al menos un préstamo irregular. Este grupo enfrenta mayores dificultades para acceder a financiamiento formal y, cuando lo logra, su capacidad de repago es más vulnerable ante cambios económicos.
Aún más crítica es la situación en entidades no financieras (principalmente fintech), que concentran alrededor del 15% del total de préstamos. La morosidad en este segmento ronda el 30%, y entre personas que tienen exclusivamente créditos con fintech, más del 50% registra atrasos en pagos. Estos deudores representan típicamente a individuos con ingresos insuficientes o antecedentes que les cierran el acceso al sistema bancario formal.
¿Cuál es el diagnóstico sobre la capacidad de pago de las familias?
Consultoras de análisis económico han profundizado en las causas subyacentes: "A las familias no les alcanza el ingreso". La morosidad no se limita al crédito formal; también crece el atraso en el pago de expensas, prepagas, cuotas de clubes y otros servicios. Esto indica que el problema trasciende el comportamiento financiero y refleja una contracción real del poder adquisitivo de los hogares argentinos.
En mayo y junio de 2026, el crédito en pesos al sector privado dejó de caer en términos reales, pero sin mostrar mejoras significativas. De cara al futuro, las consultoras advierten que más del 27% de personas que tomaron préstamos dejaron de ser "sujetos de crédito", lo que limita el potencial del financiamiento como motor de actividad económica.
Impacto de la morosidad para empresas y administradores de negocios
El deterioro crediticio tiene consecuencias directas en el ecosistema empresarial argentino. Para administradores de empresas y dueños de negocios, la morosidad creciente de familias implica una demanda agregada más débil y menos previsible. Los consumidores con dificultades financieras reducen su gasto discrecional, afectando especialmente a comercios, servicios y pequeñas industrias.
Además, la contracción del crédito privado limita el acceso a financiamiento de corto y largo plazo para inversión empresarial. Con tasas de interés en préstamos personales superiores al 65% anual, el costo del capital se vuelve prohibitivo para proyectos de expansión. Los administradores financieros deben anticipar ciclos de demanda más volátiles y evaluar estrategias de tesorería más conservadoras ante la incertidumbre macroeconómica que refleja la morosidad creciente.







