La consultora Econviews propone utilizar recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad para ampliar el crédito hipotecario sin aumentar el gasto público ni recurrir a emisión monetaria. Sin embargo, el mecanismo trasladaría riesgos al patrimonio previsional y el Gobierno aún no avanza en su implementación.
¿Por qué el FGS como alternativa de financiamiento?
Durante 2026, la economía argentina enfrenta una limitación estructural: las herramientas convencionales para estimular el crecimiento colisionan con los pilares del programa económico del Gobierno. El equilibrio fiscal, el control monetario y la estabilidad cambiaria cierran opciones que en otros contextos funcionarían para reactivar la demanda.
Frente a esta restricción, Econviews identificó una alternativa que podría funcionar: utilizar recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para aumentar el volumen de crédito hipotecario disponible. La propuesta tiene un atractivo específico: no genera un costo fiscal inmediato ni requiere emisión de dinero. El FGS reasignaría una cartera que ya posee, canalizándola hacia el financiamiento de viviendas.
El Ministro de Economía, Luis Caputo, fue consultado sobre esta posibilidad. Reconoció que se analiza la iniciativa en conjunto con el Ministerio de Capital Humano, pero descartó que el FGS compre directamente hipotecas de personas. Sin embargo, señaló que trabajan en formas alternativas que consideran más efectivas y que han generado entusiasmo en el sector bancario.
¿Qué sectores se beneficiarían con más crédito hipotecario?
La construcción representa uno de los motores potenciales de la economía argentina. Un aumento en el financiamiento hipotecario podría arrastrar a múltiples sectores: demanda de materiales de construcción, empleo en obra, actividad inmobiliaria, seguros y servicios profesionales. Sin embargo, durante el segundo trimestre de 2026, la construcción permanece aletargada, junto con el comercio y gran parte de la industria.
Econviews advierte que el consumo masivo cae y el segundo trimestre se encamina a cerrar con una caída del PBI. Los primeros indicadores de julio tampoco muestran recuperación significativa. Los únicos sectores en expansión —agro, minería y energía— representan apenas el 13% del Producto Bruto Interno, insuficiente para arrastrar al conjunto de la economía.
El costo real: ¿quién asume los riesgos?
Gustavo Gardey, especialista en Mercado de Capitales, aclara que utilizar el FGS no implica necesariamente un costo fiscal directo porque reasigna una cartera existente, no gasta dinero del Tesoro. Pero advierte que el costo es contingente: lo asume el patrimonio previsional. Es decir, si las hipotecas financiadas tienen problemas de mora, los jubilados cargarían con las pérdidas.
La pregunta central, según Gardey, no es si el FGS debe invertir en hipotecas —ya posee la mayoría de su cartera en bonos del propio Estado, que tampoco es un activo sin riesgo—, sino a qué precio entra en operaciones hipotecarias. Si compra a tasas de mercado, podría tratarse de una diversificación razonable. Pero si compra a tasas subsidiadas, se convierte en una transferencia encubierta de fondos jubilatorios a tomadores de crédito.
Para evitar ese riesgo, Gardey propone que los bancos conserven parte del riesgo comprando el FGS solo el tramo senior de carteras securitizadas, mientras las entidades financieras absorben la primera pérdida. Además, exige que el precio surja de una licitación competitiva y que otros inversores privados —aseguradoras, fondos— estén dispuestos a comprar esos instrumentos. Si el FGS es el único comprador posible, el programa nació mal.
La alternativa privada: recuperar inversores de largo plazo
Diego Martínez Burzaco, especialista en mercado inmobiliario, es más escéptico respecto de que el FGS sea el vehículo adecuado. Preferiría que el desarrollo hipotecario se apoye en inversores institucionales privados de largo plazo, una debilidad estructural del mercado de capitales argentino.
Históricamente, las AFJP cumplían ese rol, participando en fideicomisos de cédulas hipotecarias y securitizando hipotecas para permitir el rollover y la liquidez. Cuando colapsó el sistema de AFJP en 2008, se quebró totalmente este mecanismo. Martínez Burzaco considera que la solución más estructural sería generar incentivos para que vuelvan actores privados capaces de incorporar activos hipotecarios a sus portafolios, lo que requiere una arquitectura que permita pensar en largo plazo.
Impacto para empresas y administradores de negocios
Para los dueños y administradores de empresas, especialmente en construcción, inmobiliarias y sectores relacionados, la decisión sobre el FGS es crítica. Un aumento en el crédito hipotecario ampliaría la demanda de viviendas, generando oportunidades de negocios en obra, suministros y servicios. Sin embargo, la estructura elegida determina si el estímulo es sostenible o genera distorsiones.
Si el FGS financia hipotecas a tasas subsidiadas, el mercado podría desalinearse: inversores privados se retirarían, dejando al Estado como único financista. Eso limitaría la escala y la sostenibilidad del programa. Por el contrario, si funciona bajo criterios estrictamente financieros y con participación privada, podría consolidar un mercado de crédito hipotecario más profundo y eficiente, beneficiando a toda la cadena de valor de la construcción y el sector inmobiliario argentino durante los próximos años.







