Donald Trump se prepara para anunciar una nueva ronda de aranceles a productos de decenas de países, incluyendo Argentina, antes de que venza el régimen temporal vigente el próximo viernes.
¿Cuándo entraría en vigor la nueva estructura arancelaria?
La administración estadounidense trabaja para concretar el anuncio este viernes 25 de julio de 2026, fecha en la que expira el régimen actual que aplica una tasa general del 10%. El equipo económico de la Casa Blanca busca evitar un período sin recargos entre el vencimiento del esquema vigente y la implementación del nuevo régimen. Sin embargo, el plan todavía no está cerrado y podría sufrir modificaciones antes de su presentación oficial.
Cuáles son los criterios para aplicar los nuevos gravámenes
La iniciativa contempla gravámenes para naciones que, según la evaluación de la administración estadounidense, presentan estándares insuficientes para combatir el trabajo forzoso, compiten de manera desleal o cuentan con un exceso de capacidad industrial. Esta clasificación determina la tasa arancelaria que enfrentará cada país.
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, anticipó que las medidas derivadas de la investigación sobre trabajo forzoso se encuentran próximas a implementarse. En declaraciones a CNBC afirmó: "Esperamos ver alguna acción muy pronto. No puedo especificar un cronograma porque antes debo informar al Congreso y a otras partes interesadas".
Qué países serían alcanzados y con qué tasas
Según la propuesta de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), los productos provenientes de Canadá, México, la Unión Europea y Taiwán enfrentarían un arancel del 10%. En tanto, las importaciones de grandes economías como China, India y Japón afrontarían una tasa del 12,5%.
La información publicada por Bloomberg incluye a Argentina entre las naciones alcanzadas, aunque por el momento no se ha precisado cuál sería el gravamen específico aplicado a sus productos. Esta medida se suma a aranceles ya anunciados, como el 50% para productos canadienses y el 25% sobre artículos brasileños.
Antecedentes: la Sección 122 y el cambio hacia la Sección 301
Trump estableció el actual arancel general del 10% tras el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos a comienzos de 2026, que anuló su anterior esquema de tarifas globales. Ante ese revés judicial, el mandatario recurrió a la Sección 122 de la Ley de Comercio, una herramienta que permite imponer un recargo de hasta el 10% durante un máximo de 150 días para afrontar desequilibrios en la balanza de pagos.
Posteriormente, el Tribunal de Comercio Internacional también cuestionó la aplicación de la medida, aunque limitó los efectos de su decisión a los demandantes. Por ese motivo, el gravamen continuó vigente para la mayoría de los importadores durante los últimos meses de 2026.
La nueva ronda se instrumentaría mediante la Sección 301 de la Ley de Comercio, que autoriza al presidente a imponer aranceles de manera unilateral cuando considere que determinadas prácticas extranjeras perjudican al comercio estadounidense. Este cambio de herramienta legal amplía significativamente las opciones del ejecutivo para aplicar gravámenes sin limitación temporal.
Impacto para las empresas y administradores argentinos
La inclusión de Argentina en la nueva estructura arancelaria estadounidense genera incertidumbre inmediata para empresas exportadoras y administradores que dependen del mercado norteamericano. Sin conocer aún la tasa específica que enfrentarán productos argentinos, las compañías deben prepararse para posibles aumentos en los costos de exportación y competitividad reducida en ese mercado.
Para las pymes y grandes empresas argentinas que exportan bienes a Estados Unidos, esta medida representa un factor de riesgo adicional en el contexto de volatilidad comercial global. Los administradores deben monitorear el anuncio oficial del viernes para evaluar el impacto sectorial y ajustar estrategias de precios, márgenes y cartera de clientes. Además, esta ofensiva arancelaria de Trump, que ya ha alcanzado a Brasil, Canadá y otras economías regionales, podría reconfigurar las dinámicas competitivas en mercados terceros donde operan empresas argentinas.







